sábado, 31 de octubre de 2015

XXVI:

Cada vez me importas menos. Cada vez que te veo, miro hacía otro lado. Cada vez que te vas, observo  tu silueta alejarse entre la oscuridad. Rápido, huyendo, como siempre. Huyendo de tus sentimientos, de la verdad, en busca de la más absoluta libertad. Ojalá pudiese decir que no te pienso. Que te miro y reviento. Y cuando no te miro te imagino cara al viento, sonriendo. Llorando, ahogándome en mis lágrimas, en tu saliva, mis labios son un desierto desde entonces. Solo tú puedes regarlo, solo tú y tú y tú y tú... Pero siempre me dejas, siempre te vas, abriendo y cerrando la puerta, a portazos. Me dejas sordo, Si vas a irte, hazlo sin ruido. Déjame morir ya. No quiero seguir así. No puedo. No y no y no y no... No riegues este yermo con gotas escasas... No dejes crecer esta hierba, pero tampoco dejes que se seque y muera...No te vayas, vuelve, riega mi soledad, pero no te vayas después. No te vayas, no me dejes, no. No lo hagas. Me matas. He muerto. Un adiós, entre sollozos. Ni eso. El más sepulcral silencio. Soledad. Sin sol. Tu barrera de mármol para siempre en mi mente, como una maldición. Está roto este corazón. Qué difícil es disimular que no pasa nada entre nosotros dos. Y no, no me he olvidado de ponerle título a este huracán de palabras. Porque aunque he de irme, yo nunca perdí las ganas de que me besaras. -

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