Complementémonos. ¿Complicada palabra verdad? Supongo que es
el fiel espejo de su realidad. Pero contigo es fácil. Si esto fuese un puzle
siento que tu y yo encajaríamos a la perfección. Diferentes, pero afines. No sé
si lo ves igual. Como tampoco sé si algún día acabaremos el puzle y aburridos
lo destrozaremos. No lo sé. Y hay tantas cosas que no sabremos en esta vida.
Para empezar nunca sabremos si nuestra existencia tiene alguna finalidad. ¿Te
das cuenta? Es todo un sinsentido. Pero es, a la vez, el café de las mañanas,
una ruptura en medio de diciembre, el vaso de leche antes de dormir, el primer
beso, la última lágrima, una despedida, un verso. Amantes de lo inverso.
Contracorriente, buscando un hueso seguramente inexistente. Al final soy un
sucio sabueso. Manchándome en el barro sin recompensa, buscando ese beso, ese
orgasmo, ese éxtasis efímero que viene y desaparece, como un fantasma. Sin
finalidad. Es un salto de altura a ciegas, a un vacío del cual desconocemos la
profundidad. Quizás mañana me llegue el golpe. Quizás no. Eterna dicotomía. ¿Pero
qué coño? Le he dado tantas vueltas a esto sin caer en que de lo que hay que
disfrutar es el camino, la caída, la adrenalina. El golpe vendrá por mucho que
recemos, por mucho dinero que tengas, por muy noble que sea. Que la vida será
injusta, pero la muerte no. Manchémonos la ropa en lo que sea, y
arranquémonosla a mordiscos como perros, llegando a las manos y a la boca hasta
el alma. Dame ese placer tan deseado con una mirada, un beso, una llamarada.
Hasta que nos descubra el alba.
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