sábado, 31 de octubre de 2015

XXVI:

Cada vez me importas menos. Cada vez que te veo, miro hacía otro lado. Cada vez que te vas, observo  tu silueta alejarse entre la oscuridad. Rápido, huyendo, como siempre. Huyendo de tus sentimientos, de la verdad, en busca de la más absoluta libertad. Ojalá pudiese decir que no te pienso. Que te miro y reviento. Y cuando no te miro te imagino cara al viento, sonriendo. Llorando, ahogándome en mis lágrimas, en tu saliva, mis labios son un desierto desde entonces. Solo tú puedes regarlo, solo tú y tú y tú y tú... Pero siempre me dejas, siempre te vas, abriendo y cerrando la puerta, a portazos. Me dejas sordo, Si vas a irte, hazlo sin ruido. Déjame morir ya. No quiero seguir así. No puedo. No y no y no y no... No riegues este yermo con gotas escasas... No dejes crecer esta hierba, pero tampoco dejes que se seque y muera...No te vayas, vuelve, riega mi soledad, pero no te vayas después. No te vayas, no me dejes, no. No lo hagas. Me matas. He muerto. Un adiós, entre sollozos. Ni eso. El más sepulcral silencio. Soledad. Sin sol. Tu barrera de mármol para siempre en mi mente, como una maldición. Está roto este corazón. Qué difícil es disimular que no pasa nada entre nosotros dos. Y no, no me he olvidado de ponerle título a este huracán de palabras. Porque aunque he de irme, yo nunca perdí las ganas de que me besaras. -

jueves, 29 de octubre de 2015

XXV: LAURELES Y UN ALTAR

Sigo arrastrándome cual serpiente, intentando llegar a la cima de lo omnisciente. Mis pies, pisando un mundo que odio. Desangrándome, grito en silencio, mis labios, besan afónicos, mis pies, agónicos. Inconsciente. Metafórico, perdido en lo alegórico, rociado con ácido cítrico de una naranja en vilo. Ahogado en lo irónico, en mareas de sangre que caen por esta escalera de mármol donde ya no sale el sol. 
Nadando en impureza, buscando esa belleza, esa máxima pureza, escondida tras lo corporal, superficial. Rompiendo mi piel y huesos por ese pedestal, pisando los restos de gloria de Roma, olvidados en un barrizal. Buscando lo divino, inmortal, entre cadáveres de seres que fueron más que un cuerpo mortal, alguna vez, quizás.
Crucificadme, laureles y un altar. Yo no voy a resucitar.

martes, 27 de octubre de 2015

XXIV: MÁRMOL Y DINAMITA

Aceptar al del frente del espejo siempre fue duro. Fue un error no aceptarme cuando nadie me aceptaba. El loco no era yo. Ni lo sigo siendo. La vida se vive y se da todo. Yo lo he sentido muy dentro, Y tú, en cambio, mantienes que querer, sentir, algo propio y único del ser humano es atarse y dejar de vivirla. Yo no quiero que estés pegada a mÍ con esposas, que estés conmigo en todos lados. Simplemente que me beses cuando nadie mira, que me abraces cuando la vida aprieta y tira. Que en cada mirada me lo digas todo cuando nos veamos, y que pasen los veranos, los que tengan que pasar. Pero se ve que no tienes suficiente conmigo. Nadie parece tenerlo, Ni yo mismo. Pero estoy recapacitando últimamente, y empiezo a pensar que merezco más. Más que tu juego del escondite. Más que este ciclo vicioso que se repite. Si quieres tirarte a mil tíos más adelante, esconde tus sentimientos entre lujuria y tu rol de dominante. Tu máscara de almirante, cuando no eres más que un peón, como todos. Al menos es lo que me das a pensar con tus actitudes. Cobardes, egoístas. Que lo que no te mató no te hizo más fuerte, te hizo peor. Te has convertido en algo que no eres, porque se ve en el fondo, en esa luz que he llegado a atisbar cuando empezamos. Sé que eres mucho más. sé que te mereces mucho más que cualquier gilipollas una noche. Pero no te dejas descubrir, y no tengo miedo en recurrir a la dinamita. ¿Qué escondes tras esa barrera? Acaso oro, acaso nada, acaso el dorado. Está hecha de miedo y de inseguridad, he estado dentro. Y la revistes con una fachada de mármol que es tu sonrisa, la más bonita que nunca he visto. Pero no son buenos arquitectos. Tu corazón necesita aire, dáselo. Soy puro, te lo juro.Sé que lo que hay dentro es bueno joder, lo sé, lo sé, lo sé, lo sé, la luz alumbra ese fondo cristalino. Solamente hay que romper ese hilo, de hierro, divino. 

XXIII: COMO UNA PIEDRA

Como una piedra
ni blanca ni negra
mareada en tu
constante marea

Siempre arribando
en la misma arena
húmeda y seca
resbala, frena.

Me desenfrena y
llueve, nieva, truena
a veces me llena
otras me apena.

Me cercena
sofoca, congela.
reta, encadena.
No hay quien me entienda.

¡No hay quien te entienda!
Ese miedo que te 
deprime, reprime
ganando la contienda.

Y yo, perdiéndola.
barreras, tretas
te escondes en tus
profundas trincheras.

¿De qué huyes?
¿No será de ti misma?
Así no te encuentras,
los muros se agrietan.

Y llegan hasta ti,
hasta tus adentros
como tus cigarrillos
quemaos hasta el filtro.

Nadie es profeta 
Al menos en su tierra
Así que salvémonos
de caer al infierno.

Porque te quema y
me quema le rezo
A un Jesús en quien 
no fío, no confío.

En fin a cualquiera
que sepa, que pueda
acabar esta pelea
este puto lío.

Soplo la llama, fu
y en vez de apagar
la auxilio, la avivo
una gota de cera.

¿Quién te va a abrazar
cuando te deshieles
cuando te derritas?
volverás, ya verás.

Quizás ya no me veas
me habrán aplastado
tus cadenas y tendrás
que conformarte con

Mis poemas. testigos
de cuando eras
tú misma, verdadera
y no construías barreras. 





lunes, 26 de octubre de 2015

XXII: SÁBANAS

Sigo buscándote
Entre mis sábanas
Entre mil miradas
Algunas forzadas
Otras disimuladas
Pero todas
Todas
Desesperadas.
Sigo buscándote
Entre algodón
En aquel revolcón
En todas esas caricias
Que dejan cicatriz
En el corazón.
Y seguiré buscándote
Aunque pierda la batalla,
La guerra,
Y la razón.

XXI: MIRAR ATRÁS

¿Y por qué no iba a poder mirar atrás? El que no conoce la historia la repite. Quizás ninguno la tenemos tan superada como creemos, pero no por eso voy a amedrentarme al rebuscar en los cajones. Y porque haya pasado no tiene que volver a pasar. Y dices que tienes que renovar tus fotos, pero no haces por seguir adelante y confiar. No soy un ángel, pero soy de fiar. Y tú, tú sigues levantando vallas que después traspasas, pero al momento te echas hacia atrás. Empiezan a doler los callos en estas manos. Tantas batallas entre conciencia e inconsciencia, con la somnolencia como escenario. Pero no me resigno a la abstinencia, porque sigo sin descubrir lo que hay tras tu barrera de mármol. Paciencia, paciencia, me lo repito cada día, mientras las hojas caen del árbol y se va notando tu ausencia. Y no es coincidencia, sólo falta de coherencia, conveniencia, o, un miedo consecuente de alguna que otra vivencia que, resultó en negligencia. Y no digo que no sea buena, pero no es bueno basarse sólo en la experiencia. El empirismo no es la única base de la ciencia.

domingo, 25 de octubre de 2015

XX: CALLOS

Me empiezan a salir callos de estar colgado. Debería soltarme ya y dejarlo ir, pero no puedo, no quiero, joder. También debería respetar el espacio que nos estamos dejando, pero es que tú te lo saltas. Saltas la valla pero al momento te echas para atrás. Creo que los dos sabemos donde estamos, y no creo que pueda fructificar nada de esto, pero mantengo la esperanza de que algún día pierdas el miedo. Podría hacerlo fácil y dejarme caer al abismo, desde ahí sería más fácil comenzar, pero es que yo sé lo que quiero. Te quiero a ti, y voy a aguantar lo que haga falta, aunque no me lo tengas en cuenta, aunque tenga que beber más de la cuenta, y sedarme con bolis y alguna piruleta. Cada día intento no perder los putos nervios, cada puto día. A la vez estoy orgulloso de mí, tengo más paciencia de la que creía, y aún me queda mucha, por ti la que sea. Voy a reventar las vallas que hagan falta ya puedes construirme el muro de Berlín, que me da igual, tanto yo como tú lo vamos a saltar. Espero no derrochar mi aliento, como siempre. Hazlo diferente. Sé que no eres una más, pero te encierras en una jaula de cristal. Haz lo que temes, joder, y el temor morirá.

sábado, 24 de octubre de 2015

XIX: MADURAR

¿Qué coño es madurar, eh? Dejar de llorar por la ausencia de ese tal, tener paciencia, ¿o rendirse y encontrar alguien que no es ese niño de siempre? Yo no voy a renunciar a lo que soy, y me da igual, llámame loco. Cómeme el coco. Dime que es una locura quererte sin pensar, sin miedo de lo que vaya a pasar. Contigo soy yo mismo joder, y cuando nos besábamos sin miedo lo sentía todo. Como cuando jugaba con mis juguetes en la alfombra, esa que ya no está. Igual que todo lo que una vez me importó. Contigo vuelvo a ser ese puto niño, risueño y lleno de ilusiones, que ahora no hacen más que romperse. Esto es una puta mierda. Volveré a cometer el mismo error mil veces, si el único puto error es quererte y tenlo claro, no solo en mi cama, te quiero en mi mente, en mi corazón demente y que aparezcas de repente, cualquier día, que nos olvidemos de la gente. Al menos por un instante, seamos tú y yo, y nadie más, uno y no dos. Seamos esos putos niños, joder, basta ya. Deja de lado el miedo, soy de fiar, yo no me voy del lado de nadie que no lo merezca. Yo estoy ahí, en las buenas y en las malas, y odio este puto juego de a ver quien pasa más. Y si no mando esto a la mierda es porque no quiero, porque te necesito, porque te quiero. La verdad es mi escudo y mi bandera, por muy rasgada que esté, y no voy a bajarla, por muchas hostias que me den. Y si lo siento lo digo, y si lo siento lo escribo, y si te quieres acojonar lo siento, pero si no vas a leer te lo recito. Helado de tanto llanto, de este puto congelador. No quiero escribirte pero no puedo, No soy ninguna puta bola de demolición. No tengas miedo porque soy todo ruinas, y aunque me reconstruya será la misma situación. Juntos será más fácil, no eres la única con miedo joder, salgamos de nuestros problemas con el corazón, contigo y conmigo, en mi habitación, viendo una peli, llorando sin consolación. Como cuando te vas sin girarte y me quedo sin respiración, y me pongo a escuchar esa puta canción, de vuelta en el tren, Otra vez a solas en el vagón, imaginándote en la silla de en frente. Es una mierda ser adolescente. Aun más no tenerte.

XVIII: LA TRAVESÍA

Dos años, dos años en un mismo puerto, inerte. No era el mejor ni el más bonito, pero hubo un tiempo en el que me daba la vida. Hasta que todo se fue al garete, como siempre, y tuve que pillar el primer barco que saliese, fuese cual fuese. El barco resultó ser precioso. Al menos por fuera. Tenía la sensación de que era lo mismo por dentro, y aún sigo creyendo lo mismo, aunque me tirarán por la borda a medio camino. Me sentí tan desolado entre tanta agua. Intenté beber, pero estaba salada, y mi sed no se saciaba. Por suerte, encontré varias islas, unas estaban desiertas, otras se desvanecían. Y después, después, te encontré a ti. Al principio vi una playa blanca y enorme, con forma de media luna. Me llamaba. Con suerte, conseguí llegar e incluso adentrarme en la jungla. Pero allí, allí me encontre de todo. Grietas de terremotos sin reparar, volcanes a punto de estallar e incluso glaciares que me llegaron a congelar. Hoy en día sigo perdido aquí adentro, y no encuentro ese agua que necesito para sobrevivir. Te juro que escucho cascadas. Algún día las encontraré, y me quedaré aquí. No me voy a rendir, por muchas desventuras que sufra.Así es la vida de explorador, que le vamos a hacer. No tendría gracia si no fuese difícil. Sé que hay algo más dentro de ti, como en esas películas de Indiana Jones. Pero hay una diferencia, yo no soy un saqueador. Solo un pobre mendigo en busca de amor. 

XVII: AMNESIA

¿Qué mundo es este? Me siento fuera de lugar, Supongo que el romanticismo murió hace tiempo, que ganaron las máquinas y que ya sólo queda lo funcional. Que los sentimientos se perdieron entre tanto número, y que las sumas me salen mal. Tan mal que me salen números del mismo color que tiñe mi mano.

Si ya todo es follar, y lo de hacer el amor quedó en otro lugar... ¿Para qué nos vamos a complicar? Te abrazo una noche y al atisbar la luz por oriente, ya está, que pase el siguiente. Como la consulta de un médico cualquiera, corriente. Y un paciente, moribundo y maloliente, busca cura en vez de anestesia y muere, ahogado en difteria y olvidado por la misma amnesia.

Sí, he perdido la fe. Será que ya hace mucho que no piso una iglesia, serán tus besos, que me provocaban cierta sinestesia. Tu mirada, recia. Tu esencia. O esa tormenta que, inevitablemente, en el horizonte arrecía y difícilmente se aprecia. Al igual que mi presencia y, esto lo escribo entre lágrimas, al contrario que tu ausencia.

XVI: COLUMPIOS

Miedo, miedo de volver a la oscura y fría soledad. Al más injusto y lejano de los exilios. Al empacho de libertad .A indicios, indicios de que te vas alejando, poco a poco entre la suciedad. Desarrollé alergia al polvo, sin sensibilidad. Al amor, sin responsabilidad. Al irse, sin avisar. Dejé de buscar labios nuevos que besar, caderas que agarrar u ojos que admirar, y empecé a buscarme a mí. Perdido en un laberinto de telarañas en las que caí, entre murallas que yo mismo construí. Y que tú misma derrumbaste, con palabras cortantes como cuchillos. De repente olvidaste lo que dijimos, lo poco, pero intenso, que vivimos. Quizás fuese miedo. Seguramente lo fuera. Aquí nadie se libra de estar acojonado, tranquila. A mí ya no me valen los tequilas, ni tus besos ni mis mentiras. Porque me miento cada noche, y a veces llego a creerme que no me importas. Pero se desvanece a la mañana siguiente, como tus ganas de besarme. Como tu actitud, distante, para buscarme al día siguiente. Pedirme ese beso y huir, conseguirlo y aburrirte. O acojonarte. No lo sé, sinceramente. Lo que sé es que es un ir y venir intermitente, reincidente, infinito y persistente. Y no te das cuenta, pero los columpios necesitan engrasarse, porque tarde o temprano esto empezará a chirriar. Hasta oxidarse, romperse y derrumbarse. Y no sé, es divertido sentir el aire en la cara y esa adrenalina, pero nada es para siempre. Y no quiero seguir tentando a la suerte, porque ya tuve bastante con verte. Y, sé que suena desesperado pero, aunque no te tenga, no quiero perderte. 

lunes, 19 de octubre de 2015

XV: NAO DESPROTEGIDA

Te escribiré una nota
Con un te echo de menos
Con ganas de más
Con una esquina rota.

Por ir con el corazón de frente
Por llevarlo en popa
Por tenerte en mente
Por ir sin ropa.

Te recitaré un poema
Con mi voz temblorosa
Ante tu mirada que quema
Y en la mano una rosa.

Aunque duela
Aunque seas más de prosa
Aunque haga un frío que pela
Ante tu casa una noche lluviosa.








jueves, 15 de octubre de 2015

XIV: NARANJAS COMO PIEDRAS


Ya deje de intentar exprimir nada. La naranja resultó ser una piedra y, seguidamente, todo se fue a la mierda. Cuando yo miro a la derecha tú miras a la izquierda, como si nada hubiese pasado, tirando de la cuerda que rodea mi cuello y me aprieta. Ahora toca ponerse a dieta. A dieta de tus besos, caricias y tretas. De tus mentiras y tus caretas, de tus tetas. De esas veces en que cuando me lees, en vez de entenderme, me retas, con palabras cortantes como bayonetas. Me abstengo de bajar braguetas, de esquivar peinetas, de tus coletas. Lo siento pero yo me voy sin maletas. Si te vas, llévatelo todo, no quiero nada. Marchitaste mis piruletas. Lo único que necesito ahora son recetas, del médico de cabecera, que me seden y deshielen, porque me has dejado frío. Me marearon tus volteretas, tus miradas indiscretas, tus acrobacias como las de las avionetas. Un día arriba, al siguiente debajo. De ti. La inestabilidad me destroza por dentro y me sabe a desencuentro, a comida de perros como único alimento. Te dedico este último aliento que exhalo por seguir pretendiéndote. Lo difícil será no seguir queriéndote. Supongo que me confundí de puzle, y ahora toca rebuscar en la basura, con este poema que clausura nuestra andadura. Sin caminante no hay camino, y ojalá algún día vuelvas a tomarlo y pises donde piso, porque siempre te quedaste en el principio. Que lo pisado está pisado y es participio. No hay vuelta atrás, pero el daño fue crítico. Y la herida, rociada con cítrico. Del zumo de esa naranja que reventaste contra el vidrio en mi pecho, tóxico.

miércoles, 14 de octubre de 2015

XIII: ¿QUIÉN ERES?

Debería dejarlo. Ojalá pudiese. No creo que escriba más en un tiempo. Me siento vacío. No sé qué pensar. No sé quién eres. No te reconozco. Sólo veo gris, y una pantalla vacía con tu foto y tu nombre encima. Letras vacías, conversaciones poco fluidas y respuestas agrias. Risas falsas y falta de decoro. Me preocupo por ti y sólo lloro. Lloro al ver que no parece importarte que esté ahí intentado ayudar. Debería mandarte a la mierda, lo sé, pero no es algo que se me dé bien. Algún día volverás, sabiendo quién te quiso de verdad. Que si quieres ser una más es tu decisión, yo ya lo he puesto todo en el asador. No me digas que eres una más de mi colección cuando estoy aquí noche y día repasando la lección, buscando tu perdón, tu consuelo y tu corazón. Tus gracias que ya no me das. Algún día lo valorarás. Te darás cuenta de que siempre estuve ahí. Como nadie estuvo. Que no sólo quiero follarte como los demás, y olvidarme de ti al día siguiente. Todo eso lo provocas tú, porque no te dejas querer. Pero yo sigo aquí, como nadie, y tú, miras para otro lado. Cuando vuelvas a mirarme quizás sea tarde, no pararé al cruzarme, seguiré adelante, huyendo de lo que me hizo daño. Huyendo de ti y de mis fantasmas que no dejan de acosarme. No vuelvas a mirarme, busca lo que busques en otra parte, parece ser que no te vale con alguien que por ti se ha dejado la carne. ¿Dónde quedó esa noche? ¿Dónde tus “me gustas demasiado”? ¿Dónde el camino entre besos hasta el autobús? ¿Dónde tu preocupación por lo que quería sacar de esto? ¿Dónde estás? Necesito encontrarte. Sé que sientes algo más. No dejes que estos ojos marrón oliva se marchiten. Necesito encontrarme. Te necesito. Vuelve a mirarme, hazme daño, pero de abrazarme demasiado fuerte. Vuelve...

XII: AZUL OSCURO

Hola. Estoy harto de gritarte en silencio. De besarte, tocarte, hablarte en mi imaginación. Vendería mi suerte por poder rozarte una vez más. Duele intenso cuando te vas. Sólo quiero hacerte sonreír, nada más. Cada día, con cualquier chorradilla. Pero tú te me alejas. Te busco después de cada herida, sigo siendo el mismo aunque las cicatrices puedan confundirte. Pero cada vez que te busco se va el sol. Y cada vez que me pierdo, tú no lo haces. Me pregunto si te importo una mierda. No sé, yo creía que recibías lo que dabas en esta vida. Pero no, conmigo no debe funcionar así. Debo ser el especial de clase, el empollón de siempre con el que nadie quiere jugar. Del que nadie se acuerda aunque llore en una esquina, preguntándose qué ha hecho para merecerlo. Es todo buena intención, y todo lo que recibo, desolación. Andar a solas por Gros, buscándote en cualquier banco, mirando a la nada. Mirando al mar por si te encuentro y me rehúyes. Agachado con miedo a despeinarme. Ahora es todo azul oscuro, como el mar. Yo sólo quería hacerte sentir especial. Sólo quería hacerte sentir lo que eras para mí. Y devolverte toda la atención que un día pusiste en mí. Pero supongo que ya te sabes ganadora, y que no tiene sentido seguir jugando por diversión. Uno más para la colección. Ojalá esté equivocado. Recuerdo cuando hablamos de relaciones y de que cada tía era un mundo. Que podía ser yo mismo y darle a conocer todo lo que sentía por muy pronto que fuese, y que saliera bien. Me duele en el alma decirlo, pero me has demostrado que no. 

XI: HIATOS

Miro ese banco, como miro muchos otros, pero ese me duele. Me duele aunque parece que esto se haya quedado en algo, ya es más que nada. Pero no sé si besarte, abrazarte, chocarte los cinco o pegarme un tiro. Que sí, que hasta los Beatles se disolvieron, pero que me la suda. Joder. Que te bese y me besaste, y ya no vuelves a hacerlo. Que no me devuelves esa visitilla, ni en mi cumple. Pobre iluso alimentado de esperanza e ilusiones que reposan en el agua del váter. Que en un momento suena la cadena y se van por la alcantarilla. Como un perro, bebiendo agua apoyado en la taza. Y ya no sé interpretarte, ni sé interpretar mi papel, ni siquiera me sé el guión. Que no tengo ni puta idea de que película es esta. Que el teatro apagó las luces y me quede a ciegas. Que yo no soy ningún actor, ni estrella de Hollywood. Que mi única estrella eres tú, y el cielo siempre se nubla. Que me acerco y te alejas, y fuera de órbita me dejas. Y te miro con esperanzas de que te des la vuelta, y te espero con la ilusión de que aparezcas por mi casa, un día cualquiera. Que me digas que bajemos a dar una vuelta. O que subas y apacigües esta revuelta que me incendia los adentros. Bésame joder. Que no puedo más, y que no puedo ir mendigando. Que yo ya hice mi parte, o eso creía, y esperaba respuesta. Y hostia, que no debería esperar nada de nadie, que me quede con la lección, ¿pero es que qué quieres que haga? No puedo dormir tranquilo, porque no te tengo a mi lado, y no sé que sientes por mí. Porque un día me haces pensar una cosa y al siguiente otra. Tranquilízame por Dios, dame un beso o un adiós, pero una de dos. Y que sé que no todo es blanco o negro, no es maniqueísmo, pero es que el gris nunca me gustó. 

X: ODIO


Odio
Cada despedida
Cada mirada perdida
Cada puesto perdido
En el podio.

Cada presagio
De que te irás cualquier día
De la mano con mi alegría
Y mi boca agria
En un mundo sin melodía.

Cada vez que te vas
Sin beso
Sin mirar hacia atrás
Duele en el pecho
A saber si volverás.

Que más miedo que yo
No tienes
Que lloro a solas en el salón
Pero no frenes
Que no se ha desatado el cordón.

Que está atado con contraseña
Sin pista ni reseña
Que te llevo en vena
Y no pretendo dar pena
Pero espérame para la cena.

IX: GRACIAS

Hoy me he acostado y he pensado en todo el afecto que falta en este mundo. Empezando por mí. Faltan miradas, sonrisas, caricias disimuladas. Falta llorar sin esconder la cara, reír sin esconder nada, y dar todo a esos que darían oro por ti. Esa falta de decoro, de abrazos sin razón, de susurros al corazón. Faltan mil perdones y mil gracias, que se pierden por el camino y después encontramos al acabarlo, arrepentidos, por no haber dicho todo eso que teníamos que decir. Por eso no quiero desperdiciar ni un solo instante para darte las gracias por todo. Por buscarme cuando ni yo me encuentro, por arrimarte cuando me alejo, por poner una sonrisa al mal tiempo. Por dedicármela a mí. Por mirarme con descaro, por ser ese faro, alumbrando mis noches sumidas en las tinieblas del fracaso. Por limpiarme las lágrimas de la cara, sin a cambio pedir nada. Por besarme sin preguntar, por invitarme a cenar, por hacerme disfrutar. Por sentarte a mi lado en un banco, por llevarme a navegar en tu barco, barco de blanca piel, navegante en un mar de miel. Gracias por ser así como tú eres, por hacer siempre lo que quieres, por los consejos que me das. Por no dejarme en la fila de atrás, por decirme que no te hartarás, por no dejarme ser lo que fui tiempo atrás, pobre pájaro sin alas, caído al despegar. Por no dejarme solo en cada descanso, por invitarme a hablar, por enseñarme a vivir la vida como me enseñas. Puede que creas que no has hecho nada, que es muy poco tiempo, pero créeme, me has salvado de un precipicio que estaba tan cerca como nuestros labios al hablarnos. A punto de rozarse, como dos amantes presos que conversan a lágrima viva a través de un cristal. Como ese salto que estaba a punto de dar, como esa vorágine de sentimientos que me hacen llorar. Tuve suerte de que viniste. Siento que yo no pueda ayudarte con tus penas, siento que no te salve de volver a ser esa piedra. Te pido perdón. Y a la vez te doy las gracias, aunque así no valgan. Aunque olvides este papel en el fondo de cualquier cajón, cualquier día. Espero que mis palabras hagan de éste un sitio mejor, si acaso en su mayoría, cualquier día. A poder ser uno en el que haga sol, y los pájaros canten a su son, aunque llueva en mi piel, y por mis venas corra la hiel, aunque nieve en mi cabeza. Recordaré tu piel blanca y mis lágrimas sobre ella. Como un río en medio de Siberia, que en lava se convierte al salir la luna llena, al sentir tu fuego que me quema, enamora y desespera, me calienta y me sincera. Eres fuego. Eres hielo. Eres agua río abajo, remanso, meandro, cascada. A mí también me gustaría entenderte. Espero hacerlo. Es pronto, démonos tiempo. Septiembre es sinónimo de comienzo. 

VIII: MIEDO

Y aquí estoy, queriendo dejarme llevar, queriendo llevarte a mí castillo de algodón,  donde seamos uno y no dos. Pero a la vez no quiero asfixiarte como si de una calurosa noche de agosto se tratase. Quiero dártelo todo, pero la razón con su experiencia niega, enfadada, gritándome que pare, que no vuelva a cometer el mismo error. Que no quiere otro triste verano vagando por labios que nunca quise besar. El corazón a su vez, asiente enérgico. Me susurra suave con ese aire de sensualidad que te bese, que te desvista en medio de cualquier sitio, que te escriba poemas hasta hacerte llorar de emoción. Y que te los de todos a la vez. Que te toque sin tocarte, que te eche de menos sin que te hayas ido, que le rece a Cupido. Te aseguro que tus “adiós” suenan como un disparo, que tus labios los siento sin besarlos, y que tu piel la noto sin tocarla. Que me siento en mi cama y veo tu fantasma desvistiéndome con esa fuerza que quema, y puedo sentir el fuego sin necesidad de gasolina. Y a la vez estoy acojonado, acojonado de que será de mí cuando me olvides, cuando tus labios dejen de besarme y mis lágrimas ya no puedan caer en tu regazo. Sé que soy idiota por pensar siempre en lo más triste, pero soy un intento de poeta, ya lo sabes. Y sé que voy a aprender mucho contigo. Pero entiende que tenga miedo. Entiende que no sea tan fuerte como tú, ni tan guapo, ni tan bueno, ni tan todo. Porque eres tanto… Lo siento, siento ser débil y pensar en un accidente que no sé si ocurrirá. Prometo no volver a pensar en esto, pero tenía que escribírtelo, tengo esa necesidad de dejártelo por escrito aunque ya te lo haya contado, por si alguna vez, rebuscando en tus cajones, encuentras esto y al recordar estos momentos te salta una lágrima que alguna vez, al evaporarse, se encuentre con las mías en el cielo gris de esta pequeña ciudad donde guardamos tantos recuerdos, estemos los dos o solo uno de nosotros en ellos. 

VII: EL PRESIDIO

Y esta noche vuelve a mí la hiel. Vuelven a mí temblores de un terremoto que no cesa, una pena que sobre mi cabeza pesa. Eternos grilletes azul añil atados a mi pierna, no me dejan avanzar. No puedo vivir entre libertades condicionales. Soledad. Devuélveme la libertad con tu sonrisa, alégrame los días que sin ti no puedo. Que conmigo me pierdo, que en tus pelos me enredo, que contigo quiero escapar, pero se cierran las puertas de este presidio. El sol deja de brillar y sobre mí se cierne la tormenta. Amago de lluvia. Atisbos de arcoíris. No. Se fue. La oscuridad ciega mis esplendentes ilusiones. Un sáxeo corazón retumba entre los pasillos de su mismo material, y al mismo tiempo se derrumba, dando paso a una avalancha. Aprendo una y otra vez que los sueños duran una noche, pero vuelvo a tropezar con las ruinas. Undísonas lágrimas que fluyen en forma de río hacia un mar desbordado. Vuelven a mí temblores de un maremoto que no cesa.

VI: CONTIGO O SIN TI, SENTIDO

Complementémonos. ¿Complicada palabra verdad? Supongo que es el fiel espejo de su realidad. Pero contigo es fácil. Si esto fuese un puzle siento que tu y yo encajaríamos a la perfección. Diferentes, pero afines. No sé si lo ves igual. Como tampoco sé si algún día acabaremos el puzle y aburridos lo destrozaremos. No lo sé. Y hay tantas cosas que no sabremos en esta vida. Para empezar nunca sabremos si nuestra existencia tiene alguna finalidad. ¿Te das cuenta? Es todo un sinsentido. Pero es, a la vez, el café de las mañanas, una ruptura en medio de diciembre, el vaso de leche antes de dormir, el primer beso, la última lágrima, una despedida, un verso. Amantes de lo inverso. Contracorriente, buscando un hueso seguramente inexistente. Al final soy un sucio sabueso. Manchándome en el barro sin recompensa, buscando ese beso, ese orgasmo, ese éxtasis efímero que viene y desaparece, como un fantasma. Sin finalidad. Es un salto de altura a ciegas, a un vacío del cual desconocemos la profundidad. Quizás mañana me llegue el golpe. Quizás no. Eterna dicotomía. ¿Pero qué coño? Le he dado tantas vueltas a esto sin caer en que de lo que hay que disfrutar es el camino, la caída, la adrenalina. El golpe vendrá por mucho que recemos, por mucho dinero que tengas, por muy noble que sea. Que la vida será injusta, pero la muerte no. Manchémonos la ropa en lo que sea, y arranquémonosla a mordiscos como perros, llegando a las manos y a la boca hasta el alma. Dame ese placer tan deseado con una mirada, un beso, una llamarada. Hasta que nos descubra el alba.

V: SIEMPRE

No quiero tenerte, ni quiero que me tengas, quiero que nos tengamos, y que el tiempo que estemos juntos lo exprimamos como si de una naranja se tratase. No quiero echarte de menos,  ni de menos ni de más. No quiero que me necesites, ni que te necesite, quiero que nos necesitemos. Que estemos ahí cuando haya que estar, pero no siempre, porque siempre es mucho tiempo. Demasiado tiempo. Pienso darte todo mi tiempo, pero nunca un siempre. La infinidad es sinónimo de esclavitud. Y hablando de esclavos, pienso atarte de pies y manos, besar cada milímetro de tu cuerpo hasta el corazón, pero no pienso atarte a mí. Porque no quiero que nos atemos, quiero que seamos uno, sin lazos. Llévame a donde las manos hablan, donde los labios arden y donde la ropa sobra. Pero no me grites, no me quemes y no me dejes pasar frío. Y que si me gritas sea de placer. Y que si me quemas sea en tu infierno de pasión. Y que si me provocas frio, si tiemblo, que sea porque tus citereos dedos me han rozado. Nunca me dejes a solas en la algente nieve, pero no me acompañes para siempre, porque siempre es mucho tiempo.


Aunque junto a ti se pase volando.

IV: SOL DE SEPTIEMBRE

Es septiembre, pero tú eres como un primer día de verano. Como el sol que alumbra caluroso mi balcón, como esas noches interminables de finales de julio. Sé que las hojas se van a caer en unas pocas semanas, sé que no puedes evitarlo. El tiempo sigue corriendo y no para. He estado hablando con mi almohada. Me ha hablado de ti, de tu voz, de tu pelo y de esa sonrisa que nunca desvanece. Me ha dicho que no sea como esos árboles, que dejan caer sus hojas al frío. Que te mantenga en mis brazos, que no te suelte. Que no deje que tu piel se resquebraje. Y créeme, soy un árbol perenne, aunque por dentro mi savia esté tan envenenada como el aguijón de un alacrán. Malditos besos que arrancaron mis raíces. No sé cómo puede quedar gente en este mundo con el único fin de hacer daño.

III: ILUSIONES

Efímeras ilusiones
Profundas decepciones
Heridas sangrantes
¿Qué hiciste?
Dónde quedaron
Esas tardes de verano
Cogidos de la mano
Es todo mundano
Es nada en vano
Es algo insano.
Tenía todo y nada.
Y ahora nada y todo.
Eterna contradicción.
Sombras de aquella pasión

Nada más queda.

II: SOLEDAD

Soledad
Llueve en mi mente
Sin piedad
Qué le importa a la gente.
Loco por ti
Demente.

Es triste, demasiado triste
Quedar a oscuras, sin
Ser
Sin alguien
Sin nada por lo que seguir
Adelante.

Porque no te encuentro
Me pierdo
En tus encantos
En tu retrato
En mí
En mi llanto.


Entre olas
Busco una ensenada
Y no aguanto
Tú eres tanto
Y yo
Tan nada.

Las luces del puerto
Están apagadas
Y a la deriva
Busco tus señas
Tu mirada furtiva
He muerto.

Muerto de esperar
De desesperar
De gritarte
Que me vengas
A buscar.
Muerto.


Aciaga tempestad
Que revuelve
El corazón
Que devuelve
Todo lo que das
En forma de muerte.

I: TU SONRISA

¿De dónde has sacado esa sonrisa? No paro de preguntármelo. Como tampoco paro de preguntarme si cuando me miras y sonríes lo haces de verdad. No estoy en situación de hacerme ilusiones. No al menos desde esas semanas de agosto. No quiero volver a caer en las redes de nadie, no puedo. Pero es que eres tan interesante. Me encantaría saber que hay detrás de esa sonrisa, que es lo que piensas, cómo te va la vida. Y sin duda, me encantaría ante todo saborearla. Sé que sólo son impulsos irracionales derivados de mi lesa o abundante humanidad. Y es que a veces no sé quién soy. Si soy bueno, soy malo, feo, guapo, honesto o mentiroso. Sólo sé que tú eres preciosa, y que no puedes ser mala persona. Se ve a la legua. Pero me han hecho mucho daño, mucho. Y me lo ha hecho alguien de quien pensé lo mismo. Le di mis llaves, convencido de su buena intención, y desvalijó mi ser. Me lo dio todo y al día siguiente me dio nada. Silencio. Soledad. Lluvia. Eso es lo que recibí. Besos robados de un todo a cien, mentiras, miradas que nunca sabré si llegaron a ser de verdad. Por eso quiero asegurarme de que todo es honesto antes de entregarme a ti. Si es que me aceptas, claro. Pero tú nunca vas a leer esto.  Así que a partir de mañana prometo dejar de deambular a solas en cada descanso buscando tu mirada que siempre encuentro, y tu amabilidad de decirme que vaya contigo a hablar con todos. Siempre me ha costado tener confianza con la gente en general. He sufrido mucho. No muchos me han aceptado como soy. No sé qué te pareceré a ti. Que te preocupes por mí me halaga tanto… Me haces cantar, saltar, bailar. Sé que no me conoces. Ni yo a ti. Pero el amor es algo que no espera. Y a mi puerta llega muy muy pronto… Intento ignorarlo por mi bien, pero es imposible. No puedo dejar de pensarte. No puedo dejar de mirar tus fotos. No puedo. Y hay otras que también me buscan, y hay otras que sé que podría tener algo con ellas, y pasarlo bien, y solear mi vida de nuevo… Pero yo te quiero a ti. Y quiero que lo sepas, pero a la vez no quiero asustarte. No sé si me entiendes. Siempre soy yo el que siente de más y el que recibe las hostias más duras cuando todo se derrumba, el que asoma al abismo. Odio ser como soy. Odio ser un sentimental empedernido que cree en un amor que es como una autopista sin arcén y sin señales y sin límite de velocidad. Y he odiado querer a muchas, sólo espero que no deteste amarte a ti y, claro está, que tú me quieras a mí. Por favor, que esas miradas y sonrisas que me dedicas no sean un mero escaparate de lo que sientes.