miércoles, 14 de octubre de 2015

VII: EL PRESIDIO

Y esta noche vuelve a mí la hiel. Vuelven a mí temblores de un terremoto que no cesa, una pena que sobre mi cabeza pesa. Eternos grilletes azul añil atados a mi pierna, no me dejan avanzar. No puedo vivir entre libertades condicionales. Soledad. Devuélveme la libertad con tu sonrisa, alégrame los días que sin ti no puedo. Que conmigo me pierdo, que en tus pelos me enredo, que contigo quiero escapar, pero se cierran las puertas de este presidio. El sol deja de brillar y sobre mí se cierne la tormenta. Amago de lluvia. Atisbos de arcoíris. No. Se fue. La oscuridad ciega mis esplendentes ilusiones. Un sáxeo corazón retumba entre los pasillos de su mismo material, y al mismo tiempo se derrumba, dando paso a una avalancha. Aprendo una y otra vez que los sueños duran una noche, pero vuelvo a tropezar con las ruinas. Undísonas lágrimas que fluyen en forma de río hacia un mar desbordado. Vuelven a mí temblores de un maremoto que no cesa.

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