Y esta noche vuelve a mí la hiel. Vuelven a mí temblores de
un terremoto que no cesa, una pena que sobre mi cabeza pesa. Eternos grilletes
azul añil atados a mi pierna, no me dejan avanzar. No puedo vivir entre
libertades condicionales. Soledad. Devuélveme la libertad con tu sonrisa,
alégrame los días que sin ti no puedo. Que conmigo me pierdo, que en tus pelos
me enredo, que contigo quiero escapar, pero se cierran las puertas de este
presidio. El sol deja de brillar y sobre mí se cierne la tormenta. Amago de
lluvia. Atisbos de arcoíris. No. Se fue. La oscuridad ciega mis esplendentes
ilusiones. Un sáxeo corazón retumba entre los pasillos de su mismo material, y
al mismo tiempo se derrumba, dando paso a una avalancha. Aprendo una y otra vez
que los sueños duran una noche, pero vuelvo a tropezar con las ruinas.
Undísonas lágrimas que fluyen en forma de río hacia un mar desbordado. Vuelven
a mí temblores de un maremoto que no cesa.
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