Hola. Estoy harto de gritarte en silencio. De besarte,
tocarte, hablarte en mi imaginación. Vendería mi suerte por poder rozarte una
vez más. Duele intenso cuando te vas. Sólo quiero hacerte sonreír, nada más.
Cada día, con cualquier chorradilla. Pero tú te me alejas. Te busco después de
cada herida, sigo siendo el mismo aunque las cicatrices puedan confundirte. Pero
cada vez que te busco se va el sol. Y cada vez que me pierdo, tú no lo haces.
Me pregunto si te importo una mierda. No sé, yo creía que recibías lo que dabas
en esta vida. Pero no, conmigo no debe funcionar así. Debo ser el especial de
clase, el empollón de siempre con el que nadie quiere jugar. Del que nadie se
acuerda aunque llore en una esquina, preguntándose qué ha hecho para merecerlo.
Es todo buena intención, y todo lo que recibo, desolación. Andar a solas por
Gros, buscándote en cualquier banco, mirando a la nada. Mirando al mar por si
te encuentro y me rehúyes. Agachado con miedo a despeinarme. Ahora es todo azul
oscuro, como el mar. Yo sólo quería hacerte sentir especial. Sólo quería
hacerte sentir lo que eras para mí. Y devolverte toda la atención que un día
pusiste en mí. Pero supongo que ya te sabes ganadora, y que no tiene sentido
seguir jugando por diversión. Uno más para la colección. Ojalá esté equivocado.
Recuerdo cuando hablamos de relaciones y de que cada tía era un mundo. Que podía
ser yo mismo y darle a conocer todo lo que sentía por muy pronto que fuese, y
que saliera bien. Me duele en el alma decirlo, pero me has demostrado que no.
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