Debería dejarlo. Ojalá pudiese. No creo que escriba más en un
tiempo. Me siento vacío. No sé qué pensar. No sé quién eres. No te reconozco.
Sólo veo gris, y una pantalla vacía con tu foto y tu nombre encima. Letras
vacías, conversaciones poco fluidas y respuestas agrias. Risas falsas y falta
de decoro. Me preocupo por ti y sólo lloro. Lloro al ver que no parece
importarte que esté ahí intentado ayudar. Debería mandarte a la mierda, lo sé,
pero no es algo que se me dé bien. Algún día volverás, sabiendo quién te quiso
de verdad. Que si quieres ser una más es tu decisión, yo ya lo he puesto todo
en el asador. No me digas que eres una más de mi colección cuando estoy aquí
noche y día repasando la lección, buscando tu perdón, tu consuelo y tu corazón.
Tus gracias que ya no me das. Algún día lo valorarás. Te darás cuenta de que
siempre estuve ahí. Como nadie estuvo. Que no sólo quiero follarte como los
demás, y olvidarme de ti al día siguiente. Todo eso lo provocas tú, porque no
te dejas querer. Pero yo sigo aquí, como nadie, y tú, miras para otro lado.
Cuando vuelvas a mirarme quizás sea tarde, no pararé al cruzarme, seguiré
adelante, huyendo de lo que me hizo daño. Huyendo de ti y de mis fantasmas que
no dejan de acosarme. No vuelvas a mirarme,
busca lo que busques en otra parte, parece ser que no te vale con alguien que
por ti se ha dejado la carne. ¿Dónde quedó esa noche? ¿Dónde tus “me gustas
demasiado”? ¿Dónde el camino entre besos hasta el autobús? ¿Dónde tu
preocupación por lo que quería sacar de esto? ¿Dónde estás? Necesito encontrarte. Sé que sientes algo más. No dejes que estos ojos marrón oliva se marchiten. Necesito encontrarme. Te necesito. Vuelve a mirarme, hazme daño, pero de abrazarme demasiado fuerte. Vuelve...
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