miércoles, 14 de octubre de 2015

XI: HIATOS

Miro ese banco, como miro muchos otros, pero ese me duele. Me duele aunque parece que esto se haya quedado en algo, ya es más que nada. Pero no sé si besarte, abrazarte, chocarte los cinco o pegarme un tiro. Que sí, que hasta los Beatles se disolvieron, pero que me la suda. Joder. Que te bese y me besaste, y ya no vuelves a hacerlo. Que no me devuelves esa visitilla, ni en mi cumple. Pobre iluso alimentado de esperanza e ilusiones que reposan en el agua del váter. Que en un momento suena la cadena y se van por la alcantarilla. Como un perro, bebiendo agua apoyado en la taza. Y ya no sé interpretarte, ni sé interpretar mi papel, ni siquiera me sé el guión. Que no tengo ni puta idea de que película es esta. Que el teatro apagó las luces y me quede a ciegas. Que yo no soy ningún actor, ni estrella de Hollywood. Que mi única estrella eres tú, y el cielo siempre se nubla. Que me acerco y te alejas, y fuera de órbita me dejas. Y te miro con esperanzas de que te des la vuelta, y te espero con la ilusión de que aparezcas por mi casa, un día cualquiera. Que me digas que bajemos a dar una vuelta. O que subas y apacigües esta revuelta que me incendia los adentros. Bésame joder. Que no puedo más, y que no puedo ir mendigando. Que yo ya hice mi parte, o eso creía, y esperaba respuesta. Y hostia, que no debería esperar nada de nadie, que me quede con la lección, ¿pero es que qué quieres que haga? No puedo dormir tranquilo, porque no te tengo a mi lado, y no sé que sientes por mí. Porque un día me haces pensar una cosa y al siguiente otra. Tranquilízame por Dios, dame un beso o un adiós, pero una de dos. Y que sé que no todo es blanco o negro, no es maniqueísmo, pero es que el gris nunca me gustó. 

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