Es septiembre, pero tú eres como un primer día de verano.
Como el sol que alumbra caluroso mi balcón, como esas noches interminables de
finales de julio. Sé que las hojas se van a caer en unas pocas semanas, sé que
no puedes evitarlo. El tiempo sigue corriendo y no para. He estado hablando con
mi almohada. Me ha hablado de ti, de tu voz, de tu pelo y de esa sonrisa que
nunca desvanece. Me ha dicho que no sea como esos árboles, que dejan caer sus
hojas al frío. Que te mantenga en mis brazos, que no te suelte. Que no deje que
tu piel se resquebraje. Y créeme, soy un árbol perenne, aunque por dentro mi
savia esté tan envenenada como el aguijón de un alacrán. Malditos besos que
arrancaron mis raíces. No sé cómo puede quedar gente en este mundo con el único
fin de hacer daño.
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