Ahora que anochece temprano y el sol se va antes de tiempo -como tú, como todo lo bueno- me he puesto a recordar, en mi cama, a las cuatro de la mañana, lo bien que sentía mirarte fijamente a la cara. Y lo bien que sentía acurrucarme contigo contra mi almohada. Por una vez en mucho tiempo sentí que alguien no quería irse de mi lado. Que no me evitaba. Que se hubiese quedado conmigo ahí hasta que la luna se volviera a poner el pijama. Al menos te quedaste toda la mañana. Sé que sueno cursi, siempre lo hago. También sé que mis sentimientos son como un caballo salvaje que nadie nunca ha domado. Es que siempre he creído que la razón es un obstáculo. Que Nietzsche y su pasión es lo que hacen de la vida algo más que un fúnebre espectáculo. Quizás por eso esa noche, fría aunque fuese julio, sin pensarlo dos veces, dije "a tomar por culo". Sí, sé que no estuvo bien. Fue un error haber sido tan desconsiderado. Pero siempre es tarde cuando me entero de todo lo que estoy haciendo mal. Aunque no me arrepiento. Hacia demasiado tiempo que no sentía el viento. Aunque tras todo eso haya habido temporadas en las que sentí no poder respirar. Hubo días en los que vi la luz desde allí abajo, y noches en las que incluso creí que había salido a la superficie. Pero prefería eso al seco aire de aquel hospital. Al fin y al cabo, me distéis oxígeno para nadar hacía arriba un poco más. Experiencia para mejorar. Gracias. Tanto mis amigos como a las demás. También que llegasteis a sentiros mal por mí. Creo que al menos os importé, aunque sea un poquito. Supongo que fue mi culpa por querer hacer de noches inolvidables un infinito. Debería haber dejado que el río volviese a su cauce, porque se desbordó entre tantos labios diferentes. Los que fueron especiales, los que quería que se quedasen, siempre se fueron entre lágrimas por encima de la pared de mi presa, destrozándola en pedazos. Es mi culpa por nunca recoger la mesa. Por el desorden, la inseguridad, y las consecuentes prisas. Así que nada, me construiré un cortapisas. Aunque seguramente lo deje a medio hacer, como todo. Sé que no me resistiré a volver a sentir esas mariposas cuando vuelva la primavera. No me gustan las orugas. Asumiré las consecuencias de querer vivir esta vida entre pasión y locura, mi muerte llegará algún día, igual igual, para eso no hay ninguna cura. Todos aprendemos de los desastres. Así que mi puerta siempre estará abierta por si algún día quieres recuperar aquella ternura.
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