miércoles, 14 de octubre de 2015

I: TU SONRISA

¿De dónde has sacado esa sonrisa? No paro de preguntármelo. Como tampoco paro de preguntarme si cuando me miras y sonríes lo haces de verdad. No estoy en situación de hacerme ilusiones. No al menos desde esas semanas de agosto. No quiero volver a caer en las redes de nadie, no puedo. Pero es que eres tan interesante. Me encantaría saber que hay detrás de esa sonrisa, que es lo que piensas, cómo te va la vida. Y sin duda, me encantaría ante todo saborearla. Sé que sólo son impulsos irracionales derivados de mi lesa o abundante humanidad. Y es que a veces no sé quién soy. Si soy bueno, soy malo, feo, guapo, honesto o mentiroso. Sólo sé que tú eres preciosa, y que no puedes ser mala persona. Se ve a la legua. Pero me han hecho mucho daño, mucho. Y me lo ha hecho alguien de quien pensé lo mismo. Le di mis llaves, convencido de su buena intención, y desvalijó mi ser. Me lo dio todo y al día siguiente me dio nada. Silencio. Soledad. Lluvia. Eso es lo que recibí. Besos robados de un todo a cien, mentiras, miradas que nunca sabré si llegaron a ser de verdad. Por eso quiero asegurarme de que todo es honesto antes de entregarme a ti. Si es que me aceptas, claro. Pero tú nunca vas a leer esto.  Así que a partir de mañana prometo dejar de deambular a solas en cada descanso buscando tu mirada que siempre encuentro, y tu amabilidad de decirme que vaya contigo a hablar con todos. Siempre me ha costado tener confianza con la gente en general. He sufrido mucho. No muchos me han aceptado como soy. No sé qué te pareceré a ti. Que te preocupes por mí me halaga tanto… Me haces cantar, saltar, bailar. Sé que no me conoces. Ni yo a ti. Pero el amor es algo que no espera. Y a mi puerta llega muy muy pronto… Intento ignorarlo por mi bien, pero es imposible. No puedo dejar de pensarte. No puedo dejar de mirar tus fotos. No puedo. Y hay otras que también me buscan, y hay otras que sé que podría tener algo con ellas, y pasarlo bien, y solear mi vida de nuevo… Pero yo te quiero a ti. Y quiero que lo sepas, pero a la vez no quiero asustarte. No sé si me entiendes. Siempre soy yo el que siente de más y el que recibe las hostias más duras cuando todo se derrumba, el que asoma al abismo. Odio ser como soy. Odio ser un sentimental empedernido que cree en un amor que es como una autopista sin arcén y sin señales y sin límite de velocidad. Y he odiado querer a muchas, sólo espero que no deteste amarte a ti y, claro está, que tú me quieras a mí. Por favor, que esas miradas y sonrisas que me dedicas no sean un mero escaparate de lo que sientes. 

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