¿De dónde has sacado esa sonrisa? No paro de preguntármelo.
Como tampoco paro de preguntarme si cuando me miras y sonríes lo haces de
verdad. No estoy en situación de hacerme ilusiones. No al menos desde esas
semanas de agosto. No quiero volver a caer en las redes de nadie, no puedo.
Pero es que eres tan interesante. Me encantaría saber que hay detrás de esa
sonrisa, que es lo que piensas, cómo te va la vida. Y sin duda, me encantaría
ante todo saborearla. Sé que sólo son impulsos irracionales derivados de mi
lesa o abundante humanidad. Y es que a veces no sé quién soy. Si soy bueno, soy
malo, feo, guapo, honesto o mentiroso. Sólo sé que tú eres preciosa, y que no
puedes ser mala persona. Se ve a la legua. Pero me han hecho mucho daño, mucho.
Y me lo ha hecho alguien de quien pensé lo mismo. Le di mis llaves, convencido
de su buena intención, y desvalijó mi ser. Me lo dio todo y al día siguiente me
dio nada. Silencio. Soledad. Lluvia. Eso es lo que recibí. Besos robados de un
todo a cien, mentiras, miradas que nunca sabré si llegaron a ser de verdad. Por
eso quiero asegurarme de que todo es honesto antes de entregarme a ti. Si es
que me aceptas, claro. Pero tú nunca vas a leer esto. Así que a partir de mañana prometo dejar de
deambular a solas en cada descanso buscando tu mirada que siempre encuentro, y
tu amabilidad de decirme que vaya contigo a hablar con todos. Siempre me ha
costado tener confianza con la gente en general. He sufrido mucho. No muchos me
han aceptado como soy. No sé qué te pareceré a ti. Que te preocupes por mí me
halaga tanto… Me haces cantar, saltar, bailar. Sé que no me conoces. Ni yo a
ti. Pero el amor es algo que no espera. Y a mi puerta llega muy muy pronto…
Intento ignorarlo por mi bien, pero es imposible. No puedo dejar de pensarte. No
puedo dejar de mirar tus fotos. No puedo. Y hay otras que también me buscan, y
hay otras que sé que podría tener algo con ellas, y pasarlo bien, y solear mi
vida de nuevo… Pero yo te quiero a ti. Y quiero que lo sepas, pero a la vez no
quiero asustarte. No sé si me entiendes. Siempre soy yo el que siente de más y
el que recibe las hostias más duras cuando todo se derrumba, el que asoma al
abismo. Odio ser como soy. Odio ser un sentimental empedernido que cree en un
amor que es como una autopista sin arcén y sin señales y sin límite de
velocidad. Y he odiado querer a muchas, sólo espero que no deteste amarte a ti
y, claro está, que tú me quieras a mí. Por favor, que esas miradas y sonrisas
que me dedicas no sean un mero escaparate de lo que sientes.
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