miércoles, 14 de octubre de 2015

IX: GRACIAS

Hoy me he acostado y he pensado en todo el afecto que falta en este mundo. Empezando por mí. Faltan miradas, sonrisas, caricias disimuladas. Falta llorar sin esconder la cara, reír sin esconder nada, y dar todo a esos que darían oro por ti. Esa falta de decoro, de abrazos sin razón, de susurros al corazón. Faltan mil perdones y mil gracias, que se pierden por el camino y después encontramos al acabarlo, arrepentidos, por no haber dicho todo eso que teníamos que decir. Por eso no quiero desperdiciar ni un solo instante para darte las gracias por todo. Por buscarme cuando ni yo me encuentro, por arrimarte cuando me alejo, por poner una sonrisa al mal tiempo. Por dedicármela a mí. Por mirarme con descaro, por ser ese faro, alumbrando mis noches sumidas en las tinieblas del fracaso. Por limpiarme las lágrimas de la cara, sin a cambio pedir nada. Por besarme sin preguntar, por invitarme a cenar, por hacerme disfrutar. Por sentarte a mi lado en un banco, por llevarme a navegar en tu barco, barco de blanca piel, navegante en un mar de miel. Gracias por ser así como tú eres, por hacer siempre lo que quieres, por los consejos que me das. Por no dejarme en la fila de atrás, por decirme que no te hartarás, por no dejarme ser lo que fui tiempo atrás, pobre pájaro sin alas, caído al despegar. Por no dejarme solo en cada descanso, por invitarme a hablar, por enseñarme a vivir la vida como me enseñas. Puede que creas que no has hecho nada, que es muy poco tiempo, pero créeme, me has salvado de un precipicio que estaba tan cerca como nuestros labios al hablarnos. A punto de rozarse, como dos amantes presos que conversan a lágrima viva a través de un cristal. Como ese salto que estaba a punto de dar, como esa vorágine de sentimientos que me hacen llorar. Tuve suerte de que viniste. Siento que yo no pueda ayudarte con tus penas, siento que no te salve de volver a ser esa piedra. Te pido perdón. Y a la vez te doy las gracias, aunque así no valgan. Aunque olvides este papel en el fondo de cualquier cajón, cualquier día. Espero que mis palabras hagan de éste un sitio mejor, si acaso en su mayoría, cualquier día. A poder ser uno en el que haga sol, y los pájaros canten a su son, aunque llueva en mi piel, y por mis venas corra la hiel, aunque nieve en mi cabeza. Recordaré tu piel blanca y mis lágrimas sobre ella. Como un río en medio de Siberia, que en lava se convierte al salir la luna llena, al sentir tu fuego que me quema, enamora y desespera, me calienta y me sincera. Eres fuego. Eres hielo. Eres agua río abajo, remanso, meandro, cascada. A mí también me gustaría entenderte. Espero hacerlo. Es pronto, démonos tiempo. Septiembre es sinónimo de comienzo. 

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