martes, 27 de octubre de 2015

XXIII: COMO UNA PIEDRA

Como una piedra
ni blanca ni negra
mareada en tu
constante marea

Siempre arribando
en la misma arena
húmeda y seca
resbala, frena.

Me desenfrena y
llueve, nieva, truena
a veces me llena
otras me apena.

Me cercena
sofoca, congela.
reta, encadena.
No hay quien me entienda.

¡No hay quien te entienda!
Ese miedo que te 
deprime, reprime
ganando la contienda.

Y yo, perdiéndola.
barreras, tretas
te escondes en tus
profundas trincheras.

¿De qué huyes?
¿No será de ti misma?
Así no te encuentras,
los muros se agrietan.

Y llegan hasta ti,
hasta tus adentros
como tus cigarrillos
quemaos hasta el filtro.

Nadie es profeta 
Al menos en su tierra
Así que salvémonos
de caer al infierno.

Porque te quema y
me quema le rezo
A un Jesús en quien 
no fío, no confío.

En fin a cualquiera
que sepa, que pueda
acabar esta pelea
este puto lío.

Soplo la llama, fu
y en vez de apagar
la auxilio, la avivo
una gota de cera.

¿Quién te va a abrazar
cuando te deshieles
cuando te derritas?
volverás, ya verás.

Quizás ya no me veas
me habrán aplastado
tus cadenas y tendrás
que conformarte con

Mis poemas. testigos
de cuando eras
tú misma, verdadera
y no construías barreras. 





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