sábado, 24 de octubre de 2015

XVIII: LA TRAVESÍA

Dos años, dos años en un mismo puerto, inerte. No era el mejor ni el más bonito, pero hubo un tiempo en el que me daba la vida. Hasta que todo se fue al garete, como siempre, y tuve que pillar el primer barco que saliese, fuese cual fuese. El barco resultó ser precioso. Al menos por fuera. Tenía la sensación de que era lo mismo por dentro, y aún sigo creyendo lo mismo, aunque me tirarán por la borda a medio camino. Me sentí tan desolado entre tanta agua. Intenté beber, pero estaba salada, y mi sed no se saciaba. Por suerte, encontré varias islas, unas estaban desiertas, otras se desvanecían. Y después, después, te encontré a ti. Al principio vi una playa blanca y enorme, con forma de media luna. Me llamaba. Con suerte, conseguí llegar e incluso adentrarme en la jungla. Pero allí, allí me encontre de todo. Grietas de terremotos sin reparar, volcanes a punto de estallar e incluso glaciares que me llegaron a congelar. Hoy en día sigo perdido aquí adentro, y no encuentro ese agua que necesito para sobrevivir. Te juro que escucho cascadas. Algún día las encontraré, y me quedaré aquí. No me voy a rendir, por muchas desventuras que sufra.Así es la vida de explorador, que le vamos a hacer. No tendría gracia si no fuese difícil. Sé que hay algo más dentro de ti, como en esas películas de Indiana Jones. Pero hay una diferencia, yo no soy un saqueador. Solo un pobre mendigo en busca de amor. 

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