domingo, 24 de noviembre de 2019

1 de diciembre,

Creo tener la certeza de que han pasado dos años, dos, desde la primera vez que te vi. Hablo de creencias, no por capricho, ni a modo de decorar mis palabras, sino porque no me es fácil asimilar que ya hayan pasado setecientos veinte días desde aquel primero de diciembre. Ni que sólo hayan pasado veinticuatro meses. Ninguna de las dos opciones me resulta razonable. 

Y es que han pasado tantas cosas, y a su vez, parecen tan pocas, que no sé cuál adverbio utilizar. Al igual que tal día, lluvioso y frío, me resulta tan lejano como Nueva York y tan cercano como tu voz, al mismo tiempo.

Allí estabas, quizás con cierto auxilio del azar, en la esquina de Garibai con Andia. Recuerdo siempre, quizás en base a una cierta hipérbole, la necesidad de recorrer un trazado infinito con la mirada para llegar a tu rostro. Lo rememoró también, e invariablemente desde entonces, decorado por un largo y brillante cabello negro que caía por tus sienes, hasta reposar amablemente en tus hombros. Ello rematado con tus labios, rojos, delineados a la perfección. 

Y allí estaba, quizás desconocedor de lo que desencadenaría todo aquello, engalonado por la lluvia, el afán, incesable, incesable y temerario. De rozarla, de rozarlos. Es menester y por lo tanto conviene destacar, aquí, que las ganas emanadas de aquello no precisan de recordatorio. 

Qué lejos te encontraba. Como aquel que admiraba una fulgurante estrella desde su insignificante condición humana. Cuánto tiempo soñó con alcanzarla. Y que poco podía hacer. Qué lejos queda aquel día. Y cuánto tiempo ha pasado.

Qué cerca te encuentro. Como aquel que acaricia los jazmines en primavera. Cuánto tiempo pasaría acariciándolos. Y que poco tengo. Qué cerca queda aquel día. Y qué poco tiempo ha pasado. 


De Joel, para Ainhoa, con cierta ternura.




jueves, 8 de septiembre de 2016

ILUNABARRA

Eguzkiak, itotzera dihoala,
Argiak itzaltzera dihoaztela;
Laranjaz margoztatu du itsasertza 
Nostalgiaz busti du belztutako azala.

Zu ikustean jandako azkazalak;
Jada etxera bueltan zihoazela
Entzutean, sentitutako etsipena;
Bularartean iltzatutako arantza.

Zeruari oihukatutako hitz horiek
Hodeitan zintzilikatu genituen
Ta orain ez dira lurrera erortzen.

Ekhia estaltzen zuten zure begiek;
Kolorez blai, jada bizirik diraute;
Ilunabarraren su ahula berpizten.


martes, 19 de abril de 2016

LXIX: COMO LAS OLAS

  • Como las olas
    Adelante y atrás
    Me pregunto de dónde vendrán
    A dónde irán
    Al volver al mar
    De dónde vienes
    A dónde irás.


  • Ni siquiera sé quién soy

  • A dónde iré

  • Me creí zar
  • Cuando no había nadie a quien mandar
  • Barco en el que zarpar
  • Al perder la corona
  • Nadie me iba a salvar.

  • Ojalá fuesemos más
    Más que almas 
    A la deriva
    Que no saben a dónde van
    Que se esconden
    Que no quieren crecer
    Que quieren ser Peter Pan.

    Como las olas
    Que vienen
    Vienen y ya...
    Ya se van. 

sábado, 2 de enero de 2016

LXIV: MILES DE PRESENTES

¿En qué me he convertido? Acabé convirtiéndome en todo lo que una vez amé y después odié. Ahogándome en botellas de Vodka y en alguna que otra boca. Viviendo el momento como si no hubiese mañana, directo a un precipicio. El tren descarriló y no supe volver al camino que hace mucho elegí. Intenté coger atajos que me llevaron a un callejón sin salida. Ciego en la oscuridad y robando velas que apagar cuando ya no servían. Me convencí de que ser como era no era bueno para mí, que nadie me aceptaría, que tenía que controlar mis sentimientos y desbocarlos en otro sitio... Intenté ser perfecto, ser lo que no era, y se fue todo a la mierda. Todo por gente que no supo ver en mí más que un momento. Estoy harto. No puedo seguir por esta carretera, porque sé donde acaba. Olvidé que lo mejor del momento es que siempre habrá otro mañana. Y ojalá haya otro contigo, ojalá. Haz que contigo se pare el reloj. No hay nada de malo en querer repetir un momento al día siguiente, ni hay esclavitud en un para siempre. Sólo hazme perder el miedo al futuro en miles de presentes. Y es que lo peor del momento es que se acaba muy rápido. Y no es un favor, sólo nuestra solución a este sinsentido. 

LXIII: SIC TRANSIT GLORIA MUNDI

Es todo tan efímero, tan consumible. Todo viene y se va, sin siquiera decir adiós, hasta luego. Laureles de gloria, de paz, arrojados al vacío al celebrar una esperada victoria. Quemados y rociados con vino en nombre de Baco. Un orgasmo que llega a su fin demasiado rápido. Una batalla sufrida en la que habrás llegado a perder el ánimo, para perderlo otra vez. No se puede vivir de recuerdos. No se puede vivir de resquicios de sensaciones. No alguien que quiere mantenerse cuerdo. Tan poca alma y tanto cuerpo. Tanta improvisación y tan poco talento, adquirido de puñaladas que llegaron lento. A quién más vamos a contarle nuestro cuento, a nadie le importa. La gloria viene y se va al momento. Sic transit, gloria mundi. De poco sirve echar el resto, pero hay que hacer valer el intento. Por ti. Por mí. Por todos. Por arreglar esto. Que aunque esté seco aún podemos dejar huella en el cemento.

viernes, 25 de diciembre de 2015

LXII: ADVIENTO

Puede que este avión nunca despegue.
Puede que la vida termine al marcharte.
Puede que la luna se vuelva menguante.
Llena y vacía, oscura y deslumbrante.

Un pesebre
Paredes de mimbre
Altas cumbres
Palabras inconscientes.

Terminó el adviento
Promesas perdidas
Se las llevó el viento
Regalos envueltos
Zapas de adidas.

Cordero, bogavantes
Gulas picantes
Ferrero Rocher
Oro, derroche.

Yo no pedí esto
Nunca en exceso
Me conformaba con un beso
Un abrazo
Un mensaje de texto.

"No te vayas
Te quiero"
Un broche
A este año
A aquella noche.

jueves, 24 de diciembre de 2015

LXI: SOLEDAD

Estoy harto de estar solo. Me siento solo todas las horas del día. Da igual que esté en mi casa, en la calle, en un estadio de fútbol o una plaza. Ayer creía estar bien, hoy no. Y mañana es navidad, y ya ni me importa. Ya no queda ilusión. Ya no queda magia. Sólo me queda la inocencia de ese niño que vio pasar la vida a solas por su ventana mirando al infinito y malgastando el tiempo pensando en lo que le deparará el futuro. Pero ya no soy ningún niño, y esto es real. Y no siento estar preparado para esto. Mis juguetes hace mucho que se tiraron a la basura, mis peluches hace mucho que no reciben ternura. Ni yo tampoco. No siento que nadie quiera quedarse conmigo un poco más. Sólo necesito un abrazo, un "estarás bien, estaré ahí", un propósito en la vida. Algo que tomar con pasión. Y es triste que todo se haya esfumado. Muy triste. Odio este mundo, no encajo , y no puedo cambiarlo, y ojalá tantos labios pudiesen arreglarlo, ojalá... Vacío. Como un rosal tras San Valentín. Como un invierno en Algonquín. ¿Qué fue de mi jardín? Marchito, como la rosa que te dí. Maldito, como el día en que te conocí. Como el día en el que me conocí. Como el día en que nací. Solo quiero un lugar donde sentirme parte de algo. Que me levante si me caigo. Últimamente ni siquiera puedo levantarme de la cama. 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

LVIX: ORGULLO

Siempre me dicen que tengo cara de chulo. Que camino con la cabeza demasiado alta y muevo demasiado el culo. Bueno, eso es que no os fijáis en mí, llevo muchas semanas cabizbajo y sin poder dormir. No soy yo el que pone su orgullo delante de todo lo demás, incluido uno mismo, sin darse cuenta de que ser orgulloso y quererse no son parte de una misma mentalidad. No soy yo el que no sabe diferenciar orgullo de dignidad. Nunca me ha importado que se rían de mí, me da igual, yo me río de mí mismo muchas veces. Sé mirarme a mí mismo en los ojos. Si me intentas pegar seguramente no contraataque, y no es cobardía, sólo que siempre hay otra manera de arreglar las cosas y se llama diplomacia. Si me mientes, si me hieres, no voy a intentar hacer lo mismo contigo, porque sé que valgo más. Hay gente que debes sacar de tu vida, y esa es la única verdad. Romper con el pasado, seguir adelante y si te encuentras con algo que te haga sentir esa pureza, esa suavidad, darte cuenta de lo que tienes. No después de perderlo. No estar ahí sólo cuando le conviene a su majestad.

lunes, 21 de diciembre de 2015

LVIII: HUYENDO

¿Alguna vez has escrito un texto tan jodidamente largo que costaba una eternidad deslizar hasta abajo la pantalla y después lo has borrado? -No tenía sentido, seguramente haría las cosas peor, va a pensar que estás loco, no quieres mostrarte tan vulnerable-. ¿Alguna vez has llamado a alguien y al segundo o tercer pitido has colgado y has puesto como excusa que ha sido sin querer? -Antes de hacerlo estás decidido, pero sabes que te ahogarás en tus palabras al volver a escuchar su voz-. Que alguien no te mire a la cara no significa que se haya olvidado de ti. Que alguien te rehuya seguramente signifique todo lo contrario. Yo nunca me vi teniendo algo más contigo, cuando lo que quería era tumbarme en un parque, mirar al cielo, y hablar de música y cosas de otro mundo. -Digo otro porque me siento sumido en uno que no es el mío, y contigo me sentía parte de algo. Al menos no desde que desperté del coma y me di cuenta de que nada es eterno. Ni para siempre ni para un rato presumiblemente largo-. Llevo mi vida entera intentando hacer de noches inolvidables milenios, y lo mismo he tardado en darme cuenta de que nada es así. Que no se puede estar intentando hacer de un momento una eternidad, que no se puede volver atrás. Me dije a mí mismo que todo estaba en mi cabeza, que no podía vivir releyendo tus notas una y otra vez, ni proyectando tu sonrisa en mi cine particular. La felicidad no se puede prolongar, no así. Ojalá pudiésemos vivir eternamente. Así que ven, vuelve, y dime que nunca te importé, desata este nudo. Dime que nunca sentiste nada por mí y que fui otro más. Dime que ese texto que escribiste no era por mí. Dime que nuestras miradas no quemaban ni provocaban un huracán. Dime que ese beso no tenía nada de real. Dime que mis palabras se las llevo el viento y que quisiste creer que eran de verdad. Dime que nunca me mentiste. Admitiré que tengo miedo del porvenir, que me refugio en el pasado para huir y que en el fondo sigo triste desde que te fuiste.

LVII: STAR WARS

Llegó un punto en el que tenía dos opciones. La misma eterna dicotomia de siempre, de nunca, de a veces.

Por un lado, podía leer tus notas una y otra vez y revivir el momento en el que me diste cada una. Dios, no sé como podía sentirme tan feliz e importante por un segundo. Después ya se me solía pasar, viendo que no parecía que quisieras saber nada de mí. Podía ver tus fotos en repetición toda la noche, con el móvil bajo la almohada. Siempre he creído que el "Por hacerlo diferente" que pusiste era por mí. No sé, igual soy demasiado egocéntrico. Sea lo que sea, sé que cuando subiste esa foto apareciste y me besaste sin pensarlo -Ojalá lo hubieras pensado, ojalá-. Podía leer tu blog y pensar en que soy yo al que lees, miras, observas, estudias y sientes querer proteger de todo lo que se le viene encima. Sí, podía creerme que quieres protegerme. No sé si irte de mi lado es una medida de protección, a veces lo pienso así, para no sentirme tan olvidado y dejado de lado. Supongo que siempre pensamos lo que nos conviene.

Por otro podía quemar tus notas en la hoguera, y echar las cenizas al montón con las que quedaron de tanta pasión y combustión. Mirándote podía sentirlo todo, no sé lo que era, no sé si era de verdad, solo sé que lo sentí así. Encendíamos luces, cohetes, fuegos artificiales. Encendieran lo que encendieran, acabaron volviendo a mí como un misil balístico, como una bomba nuclear. Por un momento sentí el fin del mundo. -Y no es exagerado. Eras mi mundo. Por muy poco que nos conociésemos. Y quiero pensar, insisto, en que en realidad no eres así. En que eres igual que aquella noche.- Podía bloquearte, podía evitar mirarte, podía dejar de mirar tus fotos. Pero hay fotos que no puedo borrar, fotos que no hizo ninguna cámara, fotos que solo guardo yo.

En conclusión, ni siquiera sé que decidí. Ni siquiera sé si decidí. Al besar a otras en el mismo sitio que nos besamos por primera vez me acuerdo de ti. Y no puedo evitarlo. Quiero olvidarme, quiero olvidarme. Quiero volver a estar bien. Eché tus notas a la basura pero al momento me arrepentí. Pensé en bloquearte pero no podía. Pensé en muchas cosas, demasiadas. Y cuando no pensaba en ti, cuando todo parecía estar bien, apareces. Como siempre. No sé como lo haces. ¿Llego al cine y qué es lo primero que veo en la pantalla? Tú, tú y tu sonrisa, en un anuncio. Por un momento creía que estaba soñando. Por dos segundos. Creía que solo te estaba viendo yo, que eran paranoias mías -no sería raro-. Luego ya me di cuenta de que no. Y ya no sé si la película está a ese lado de la pantalla o a este. Solo sé que esta noche no voy a poder dormir.

viernes, 18 de diciembre de 2015

LVI: POMPEYA

Rojo
Rojo ígneo
Abrasador e 
Incandescente
De tu cuerpo citereo.
Rojo sangre
Profundo y 
Esplendente
Miradas al cielo
Rojo.

Violeta 
Violeta purpúreo
Agónico y
Decadente
De moratones por
Ir de frente
Morado
Morado amatista
Nublado
Niebla umbría 
De timidez
Y cobardía.

Rojo
Rojo carmesí
De no resistirme a decir
De tus labios que no
Rehuí
Rojo
Rojo Pompeya
Y debajo cenizas
De lo que fuimos
De lo que fui
Negras
Negras sin matiz. 

Laureles de paz
Heridas de guerra
Que por fin cubrí
Tejiendo un tapiz
Que iba a cubrirte a ti. 
Hasta que rompí este lápiz
De tanto escribir
De tanto dar sin recibir.

Si algo aprendí
Escribiendo folios
Es que los problemas cesan
Que el dolor desaparece
Al cambiar de color
Al cambiar de episodio
Al girar el caleidoscopio. 

Blanco. 












miércoles, 16 de diciembre de 2015

LV: NUESTRA FOTO

Si te hace menos triste
-Si es que alguna vez
Lo estuviste-
Hubiera muerto por ti.

Si te hace menos triste
Me hubiera pasado la vida
En tu habitación
Aunque sé que no querías.

Nunca estuve en tus planes
Siempre estuve a solas
Conmigo y mis refranes
Contigo y tus sedantes.

Sé que nunca me perdonarás
Solo que sepas
Que siempre serás la primera
Que nunca serás una más.

Que tu -nuestra- foto sigue en mi balda
Por mucho que te haya dado la espalda
Por mucho que me hayas dado la espalda
Por mucho -demasiado- que haya afilado la espada.

Podemos hablar algún día
Y podrás reprocharme
Lo gilipollas que soy
Sé que nunca será lo mismo
Y que nunca lo fue
Pero nadie nos quitará un café.

lunes, 14 de diciembre de 2015

LIV: AZUL OSCURO

¿Qué hiciste
Los tres días
Que pasaste muerto
Jesucristo?

Vi un puerto, el mar
Luego un hospital.
Bocabajo en la cama
Esperando
A que me echen la cal
Viva o muerta
-Ya me da igual-

Abrí la puerta
Por si entraba luz
Por si se aclaraba
Este azul.
En esta celda
No hay tragaluz

Escalando montañas
Gritando
Como Pipi
(Calzaslargas)
Sin miedo
Sin pensar
En un alud.

Desarrollé migrañas
Nunca me quito
Las putas legañas
Inocencia
Patrañas.
Bambú de cañas.

Llevaba dormido
Medio siglo
Y desperté
Para caer
Para morir
En telarañas. 

Azul marino
Rozando 
Azul zafiro.
Oscuro
Oscuro y frío.
Rozándote

Sin ti
Contigo
En una orilla azul claro
Y en la otra
En la otra
Índigo.


domingo, 13 de diciembre de 2015

LIII: CÁLLATE

¿Si querías conocerme por qué te vas? ¿Si querías que fuesemos amigos por qué me evitas? ¿Por qué coges y te sientas atrás? ¿Si querías joderme la vida por qué mentías? Siempre hablando en caliente. Siempre apretando los putos dientes. Cállate, cállate. Me jodiste todo noviembre. Yo estuve ahí cuando me lo pediste, te deje besarme cuando solo jugabas al despiste, fui demasiado inocente y ahora me paso los días triste. Pero se acabó. Sé donde has estado. Sé lo que haces con la gente. ¿Conmigo por qué iba a ser diferente? ¿Por qué no vas de frente? ¿Por qué te haces la indiferente? ¿Por qué me miras, por qué me hablas como si no me conocieses? Si te he visto no me acuerdo. Sigo sin creerme que quisieras algo serio. Supongo que había demasiadas pollas de por medio. Exceso de oferta y tú una drogadicta sin remedio. Y yo otro. Entre tú y yo no puede haber ni habrá término medio. Pero no pasa nada. No voy a odiarte ni un poquito. Soy mucho mejor que tú en ese sentido. 

sábado, 12 de diciembre de 2015

LII: AHORA QUE ANOCHECE TEMPRANO

Ahora que anochece temprano y el sol se va antes de tiempo -como tú, como todo lo bueno- me he puesto a recordar, en mi cama, a las cuatro de la mañana, lo bien que sentía mirarte fijamente a la cara. Y lo bien que sentía acurrucarme contigo contra mi almohada. Por una vez en mucho tiempo sentí que alguien no quería irse de mi lado. Que no me evitaba. Que se hubiese quedado conmigo ahí hasta que la luna se volviera a poner el pijama. Al menos te quedaste toda la mañana. Sé que sueno cursi, siempre lo hago. También sé que mis sentimientos son como un caballo salvaje que nadie nunca ha domado. Es que siempre he creído que la razón es un obstáculo. Que Nietzsche y su pasión es lo que hacen de la vida algo más que un fúnebre espectáculo. Quizás por eso esa noche, fría aunque fuese julio, sin pensarlo dos veces, dije "a tomar por culo". Sí, sé que no estuvo bien. Fue un error haber sido tan desconsiderado. Pero siempre es tarde cuando me entero de todo lo que estoy haciendo mal. Aunque no me arrepiento. Hacia demasiado tiempo que no sentía el viento. Aunque tras todo eso haya habido temporadas en las que sentí no poder respirar. Hubo días en los que vi la luz desde allí abajo, y noches en las que incluso creí que había salido a la superficie. Pero prefería eso al seco aire de aquel hospital. Al fin y al cabo, me distéis oxígeno para nadar hacía arriba un poco más. Experiencia para mejorar. Gracias. Tanto mis amigos como a las demás. También que llegasteis a sentiros mal por mí. Creo que al menos os importé, aunque sea un poquito. Supongo que fue mi culpa por querer hacer de noches inolvidables un infinito. Debería haber dejado que el río volviese a su cauce, porque se desbordó entre tantos labios diferentes. Los que fueron especiales, los que quería que se quedasen, siempre se fueron entre lágrimas por encima de la pared de mi presa, destrozándola en pedazos. Es mi culpa por nunca recoger la mesa. Por el desorden, la inseguridad, y las consecuentes prisas. Así que nada, me construiré un cortapisas. Aunque seguramente lo deje a medio hacer, como todo. Sé que no me resistiré a volver a sentir esas mariposas cuando vuelva la primavera. No me gustan las orugas. Asumiré las consecuencias de querer vivir esta vida entre pasión y locura, mi muerte llegará algún día, igual igual, para eso no hay ninguna cura. Todos aprendemos de los desastres. Así que mi puerta siempre estará abierta por si algún día quieres recuperar aquella ternura.

viernes, 11 de diciembre de 2015

LI: FACULTAD

Haciendo malabarismos. Manteniendo el equilibrio. Si soy libra es el destino. O eso me imagino. Esquivándote a ratos. Knuckle Puck. Me quito los cascos. Bukowski. Apago el eBook. No hay más que bullicio. Odio escucharos. Odio mirar hacia otro lado. Cruzo el pasillo. No me queda alternativa. Tampoco saliva. Rezo para no encontrarte en el camino. Abro el grifo. Sale agua. Intentó hacerla vino. No lo consigo. Quedo convencido de que no resucitaré si me suicido. Aunque a veces pienso: ya lo hice volviendo contigo. Y aquí sigo. Algún día quitaré a Jesús y me colgaré del crucifijo. Me miro en el espejo. Ojeras. No duermo. Me peino el flequillo. Hoy me ha quedado bien. Vuelvo a clase. Hoy están hablando de Augusto también. Otra vez. Me siento. Qué a gusto. Miro el móvil. Ni rastro de tu busto. Demasiado abajo para mi gusto. Paso de hablarte. Solo quiero besarte. Solo quiero largarme. Abro Twitter. ¿Por qué tienes que comentarlo todo? Me desahogo. Homer metiéndose en un arbusto. Ojalá yo. Ojalá te acercases y me dieses un susto. Cállate Joel, tú a lo tuyo. Te jodes. Fuiste un capullo. Es el karma. No me dejó alternativa. Cobarde. Lo sé. Nunca serás ese superhéroe. Conciencia, deja de acosarme. Es viernes. ¿Dónde está la priva? Quiero olvidarme de todo. De ti. De tu mirada furtiva. De tu boca tentativa. De tu expresión dubitativa. De... ¡Déjate de mariconadas! Atento. ¿De qué año es el Edicto? 212. Caracalla. Después de cristo. Sí, soy un sabelotodo. Pero con las tías un mosquito. Una mosca. Pegándose contra un cristal. Una bombilla. Creo que me repito. Creo que se apagó la luz. Adiós. Me voy por donde he venido. Derrotado y vencido. Veni, vidi, vici. Julio César pasando hierba ante un libripens y cinco testigos. Dámela. Necesito un respiro. Odio esta facultad. Ya no sé ni lo que escribo. Me piro. Si digo adiós tomároslo como un milagro divino. Dicen que hay que seguir el corazón. Pero yo lo hago y siempre estoy perdido. Me compraré un mapa. No servirá nada. Soy un jodido obsesivo-compulsivo. DAME MI DROGA. La necesito. Te necesito. 

L: DESAMOR

¿Cómo va a querer tatuajes
alguien que ya los tiene adentro?
¿Cómo va a querer fumar
alguien a quien ya le cuesta respirar?
Dímelo, dímelo tú.
Desata tus vendajes
Que así no ves
Suelta tu cetro.

Algún que otro porro
A ratos
Para desconectar.
Algún que otro beso
De los que te gustaban
Esos sin peso
Que los das y luego ya
Te saludaré, si eso.
Pero nada,
Nada más.

No sois más que carne
carne y hueso.
¿Dónde queda el espíritu?
¿El sentimiento?
Frío invierno.
Conveniencia y resentimiento.
Tú pregunta, yo miento.
Tú advierte, yo asiento.
Tú quiéreme, yo ya lo siento.

Tú quédate, pero sin besos.
Me pareces interesante
Quiero conocerte
No me crucifiques
No bajes la mirada
No digas lo que me dices
Refugiarte en ningún sitio.
Sé que será mejor-

Amigos.
Ahí quedó eso.
Ahí quedaste tú.
Y tú.
Y tú.
Y tú.
Y tú.
¿Y yo?
Si no tengo casa
Si eras mi idea de hogar
Si eras mi familia
Adelante, hazte de rogar.
Aprendí que
Nunca más
Me dedicaría a mendigar
Amor.

Solo encontré lujuria
Desconsideración
Depreciación
Desolación
Desamor.



jueves, 10 de diciembre de 2015

XLIX: SIN NADA

Sin una de tus notas imprevisibles -sin tildes, pero contigo me dan igual las faltas de ortografía-, sin un discurso improvisado, sin un adiós poco preparado. Sin un último beso. Solo sé que apareciste con otro, pero que más da eso. Y que más da lo que pensara. Y que más darán mis emociones. Qué las de los demás. Sin cerrar la puerta. Y asomando esos ojos color café que no me dejan cerrar los míos, a ratos, a ratitos. -Tampoco me molesté en cerrarla. No quiero, no puedo dejar de mirarte. Tampoco queda nada tras ella, todo te lo llevaste.- Te fuiste.

No me hace falta tomar café contigo, sólo duermo un ratito. Ni agarrarme a tu brazo y cerrar los ojos como si estuviese dormido. Ni leer los poemas que has leído -sí, es fácil verme llorar-. Ni despeinarme con el viento en Miramar y estar más preocupado de que esté bien que de andar. Ni verte bailar y pensar en lo mal que lo hago yo. Ni que leas esto, sé que te importa un comino. Sé que nunca fui algo más que una molestia en tu camino. Sé que no aspiras a lo que aspiro. Sé que nuestro último beso no fue compartido. Y también sé que seguramente solo yo me acuerde de todo esto no mucho antes de que el sol haya salido. Sé que no lo has vivido como yo lo he vivido. Pero no pasa nada, nadie lo hace. Nunca he sentido que nadie me necesite más de lo que lo he necesitado yo. Tampoco que me hayan querido. No más de lo que yo he hecho. Nunca fue recíproco, no del todo. También que quizás me conforme con que me quieran a ratos, un poco. Ni que te vuelva a iluminar ese foco mientras sonríes y me vuelvas loco, no, tampoco. No necesito otra noche en un bus, ni que intercambiemos sudaderas, ni que te rías de mi peine escondido en la cartera. No necesito que intentes alejarme de mi soledad -sé que soy destructivo conmigo mismo-, ni que te enfades por algunas cosas que te digo, tampoco tenían mucho sentido. Ni que te des la vuelta justo en el momento perfecto antes de irte por esa puerta y me sienta como Arquímedes en su bañera. Al igual que no necesito verte para delirar y sonreír mirando a la nada.

No necesito ni una sola palabra. Solo una mirada prolongada -como solíamos- y un beso inesperado para decirte todo lo que he sentido. Mi cama desecha y tu pelo un remolino. Todo lo que te he echado de menos desde que te has ido. Todo lo que significas y has sido. Sé todo lo que he escrito, no es poco, y sé que seguramente esto ahora mismo no tenga sentido. Lo que no sé es si lo habrás leído. Y sé, sé, que todo esto solo fue un sueño del que nunca despierto. Que la realidad es un yermo y que para ti probablemente te parezca como volver del mundo de los muertos. Pero mi puerta siempre estuvo abierta por si algún día te daba por darte la vuelta, por muy poco estratégico que parezca. Las paredes que construí son de plástico. No me queda nada que perder, y sabía desde el primer día que sería el perdedor de esta guerra. Así que me aseguré de recordar cada pequeño momento y guardarlo en mi búnker, como si fuera a ser el último. Y aquí sigo, alumbrado apenas por una vela que se ha derretido, intentando hacer de aquellas noches algo infinito, de tus notas de papel aviones fortuitos y de tus besos una película que siempre repito.

Sé que eres un huracán, pero es que me gustan los desastres, como los que hay en mis estantes. Dime que fuimos uno, aunque sea por un instante. 


domingo, 6 de diciembre de 2015

XLVIII: IMPRESIONISMO

Cuánto he de esperar para volver a llenar este vacío? Quiero volver a sentir lo mismo, pero estoy sumido en idealismo. Sé que nunca será más que yo y mi impresionismo. Lo pinto todo demasiado bonito, con filigranas de más, cuando la realidad es un cuadro de Courbet en vez de uno de Degás. Un sitio oscuro donde mejor no alumbrar. Una estación donde mejor no bajar. Prefiero ir en un tren, solo, hacia ningún lugar. Prefiero perderme que jugar, con reglas que nunca me van a gustar, y que no puedo cambiar. Sería egoísta si lo hiciese, egoísta si os contrólase, si pretendiera que fueséis como yo. Sería más fácil pretender que soy como los demás. Pero no lo hago, y lo único que hago es asustar. Sé que para vosotras siempre fui uno más.

XLVII: AUTOCRÍTICA

A veces me siento tanto y otras tan poco. Sé que mi actitud probablemente sea o al menos haya sido chulesca y deplorable la mayor parte del tiempo, pero no es que me tenga mucho aprecio. Quizás por eso, porque me odio a mí mismo, acabo siempre igual, sin nadie que se preocupe por mí. Quizás sea demasiado exigente conmigo mismo, e igual con los demás. Seguramente. Y siempre aparece ese alguien, como caído del cielo, pero nunca para quedarse. Quizás sea que nunca me preocupo por mí, y estoy siempre esperando que lo hagan los demás. Y no cualquiera, además. Pero que voy a hacer. Odio mi cabeza. Odio mi manera de pensar. Mis obsesiones. Mis sentimientos, exhuberantes, y yo intentando ahogarlos en cerveza. Pero saben nadar.
Viven en mi interior, y no los puedo matar. Y eso es mucho peor que odiar el exterior, porque eso se puede cambiar. Y sino dímelo a mí. Seguramente también sea por eso que nadie me quiera por más que eso, un calentón. O yo que sé, ni siquiera sé qué pensar. Es asqueroso ser tan perfeccionista. Y cuesta tanto crear uno como destruirlo. No quiero más enemigos en mi lista. Ni más besos como repisa, porque cuando los pierdes se te cae el mundo encima. ¿Pero entonces qué hago? Dímelo. Nunca le he encontrado sentido a esta vida aparte de en mi cama desecha y alguna que otra ajena cuando se suponía que era una cena. O en un parque con alguna que otra sirena. Y todo sólo mientras duró, una pena. Como un orgasmo. Como esa escena, que pasa y no puedes volver a verla. No con los mismos ojos. Puedes repetirla, volver a ver la película, pero está condenada a ser distinta. Así que por favor, quema esta cinta. No soy lo suficientemente fuerte como para acabar con cosas que fueron -quizás sólo en mi mente- pero ya están obsoletas, extintas. Y cuando lo hago, lo hago mal y con prisas. Lo odio. Me odio. Me quemo con ellas. Ayúdame a salir de este abismo, ayúdame a respirar sin que después vuelvan las réplicas de aquel seísmo.