¿Alguna vez has escrito un texto tan jodidamente largo que costaba una eternidad deslizar hasta abajo la pantalla y después lo has borrado? -No tenía sentido, seguramente haría las cosas peor, va a pensar que estás loco, no quieres mostrarte tan vulnerable-. ¿Alguna vez has llamado a alguien y al segundo o tercer pitido has colgado y has puesto como excusa que ha sido sin querer? -Antes de hacerlo estás decidido, pero sabes que te ahogarás en tus palabras al volver a escuchar su voz-. Que alguien no te mire a la cara no significa que se haya olvidado de ti. Que alguien te rehuya seguramente signifique todo lo contrario. Yo nunca me vi teniendo algo más contigo, cuando lo que quería era tumbarme en un parque, mirar al cielo, y hablar de música y cosas de otro mundo. -Digo otro porque me siento sumido en uno que no es el mío, y contigo me sentía parte de algo. Al menos no desde que desperté del coma y me di cuenta de que nada es eterno. Ni para siempre ni para un rato presumiblemente largo-. Llevo mi vida entera intentando hacer de noches inolvidables milenios, y lo mismo he tardado en darme cuenta de que nada es así. Que no se puede estar intentando hacer de un momento una eternidad, que no se puede volver atrás. Me dije a mí mismo que todo estaba en mi cabeza, que no podía vivir releyendo tus notas una y otra vez, ni proyectando tu sonrisa en mi cine particular. La felicidad no se puede prolongar, no así. Ojalá pudiésemos vivir eternamente. Así que ven, vuelve, y dime que nunca te importé, desata este nudo. Dime que nunca sentiste nada por mí y que fui otro más. Dime que ese texto que escribiste no era por mí. Dime que nuestras miradas no quemaban ni provocaban un huracán. Dime que ese beso no tenía nada de real. Dime que mis palabras se las llevo el viento y que quisiste creer que eran de verdad. Dime que nunca me mentiste. Admitiré que tengo miedo del porvenir, que me refugio en el pasado para huir y que en el fondo sigo triste desde que te fuiste.
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