Estuve pensándomelo, y sigo haciéndolo, pero no puedo, Nunca me gustó la razón. Ni las matemáticas, ni cosas sin corazón. Aunque sea alguien más que adaptable, quiero ser yo mismo, y quiero querer sin un puñetero límite ni reglas del montón. Y bueno, hasta que encuentre mi otro yo pues seré yo mismo, solo, pero yo mismo, basta ya. Lo pasaré bien solo, como siempre lo he hecho, me juntaré con gente diferente, ya no soy ese mocoso que no se atrevía ni a hablar. Solo que después de estar dos años anestesiado y en coma, me desperté y me encontré con un mundo gris del que ya me había olvidado, Porque tú lo fuiste todo, Todo y más. Le diste color a todo. Y sigo viendo tu fantasma en mi habitación, y si tu foto sigue en mi balda es porque nunca encontré a nadie mejor. Y ahora paso por tu casa y evito mirar. Cuando salgo a correr voy hacia allí porque me recuerda a todos esos momentos. Y esas tardes viendo pelis de amor y yo llorando, pero aquella vez con consolación. Porque siempre estabas ahí.
Estabas ahí, hasta que dejaste de estarlo. Y yo empecé a necesitarte como un yonki necesita su heroína. Un año entero desesperado por reencontrar en ti esa pasión. Inútil. Todo quedo en algo forzado. Y aun así cuando te dije, entre lágrimas, que se acabó, me dijiste que tú no querías dejarlo. Y no entendí nada. Y tú reías, y yo lloraba, y era todo un puto chiste.
¿Joel, qué hiciste?
He llegado a preguntarme eso, y es penoso, Y triste. Triste que lleve desde julio intentado reponer el espacio que creaste y que se mantuvo inherente a mí. Porque es así, es la puta verdad. Y vale, que ni nos gustaba la misma música, ni hablábamos el mismo idioma, ni pensábamos ni sentíamos igual, pero nos entendíamos. Aunque yo siempre te quise más. Pero eso, en fin, no es ninguna novedad. Y me he pasado muchos días sin poder respirar, ahogándome en tantos labios diferentes, perdido en lo material. Y cuando encontré de nuevo mi lado espiritual siempre me salió todo mal. Todo. Absolutamente todo. Y sentí por alguien que no eras tú más de lo que nunca recordé, pero nadie siente de vuelta. Huyen de mí. Como si fuese unas esposas. Quizás en parte tengan razón, y a ti también te paso lo mismo. Y más que querer, ya es que necesito que me quieran. Porque es desesperante. Nunca creí que tras dos años en tu puerto me lanzase a mar abierto y casi no pudiese respirar. Las corrientes son más fuertes de lo que creía, y el peso del mundo es demasiado pesado como para soportarlo por mi cuenta. Y claro, así estoy, como un mendigo de aquí para allá, dando la mano a cualquiera cara bonita que se me acerque sin tener en cuenta mi fragilidad sentimental y los estándares de esta mierda de sociedad. Aunque tengo que admitir que tras lo físico encontré cosas muy bonitas en más de una. Encontré a alguien que le gustaban mis poesías, a alguien que escuchaba mi música, alguien que me dibujaba al llegar a casa, Pero después todas me dejaron solo, otra vez.
Y al final es eso lo que cuenta, estar ahí. Pero ya nadie tiene tiempo. Todo lo invierten en huir de mí y de sí mismas. Todas quieren conocerme porque les parezco especial, diferente. Pero ya es tarde, y el desastre está asegurado. Siento demasiado rápido, porque no tengo nada por detrás. Y en poco tiempo lo son todo, como tú lo fuiste, Y quiero conocerlas, y saber que piensan, como te conocí a ti, pero nadie se deja y huyen hacia otros labios. Ya es todo carnal y consumible. Y ahora te escribo a ti, pero porque eres la única que no se fue del todo.
Pero bueno, estoy aprendiendo, y aunque este verano y este otoño han sido un auténtico tormento continuo estoy empezando a curarme. A desintoxicarme, A aprender a estar solo y no desesperarme, a conocerme mejor. También me relaciono con la gente, y me he dado cuenta que hay mucha gente buena que está ahí. La gente parece aceptarme, aunque siempre va a haber alguien a quien no gustamos. En resumen, que en la universidad me va muy bien y la gente es muy maja, y desde el principio me dijeron que me metiese en el grupo cuando no me atrevía a hablar. Y bueno, eso, pues ayuda, y yo les agradezco a todos ellos más que a nadie todo, todo. Aunque igual no lo parezca cuando hablo con ellos. Es que en el fondo sigo siendo ese chico tímido que conociste, y me estoy soltando, y me cuesta expresar mis sentimientos en público, pero estoy aprendiendo.
Y uf, que estoy metiendo mucha chapa, pero es que escribir esto me hace sentir mejor. Y no sé si alguna vez tendré valor para enviarte esto después de haber acabado las cosas mal contigo. Porque no tuve valor a decir que no e irme, y tuve que asegurarme no estar solo antes de dejarte. Y soy un cobarde por ello, y un gilipollas, y ya lo he admitido mil veces a todo los que me lo han dicho. Y estoy llorando mientras escribo esto, pero sabes mejor que nadie que eso no es para nada raro. Ahora me siento mal y bien a la vez, pero ojalá hubiese sido de otra manera. Y nada, que gracias por todo lo que me diste, fue culpa mía por no ver más allá y solo agarrarme a ti. Tampoco es que pudiese, mi vida social era desastrosa. Ahora lo estoy arreglando, por fin. Pero aun así, gracias, gracias, mil gracias, a ti y a todos los que me ayudaron alguna vez, aunque muchos ya no estén ahí y los eche de menos, como a ti.
Es jodido seguir adelante en un terreno inestable al que no estás acostumbrado. He perdido pedazos de mí por el camino. Demasiados. Pero sigo adelante, mi sonrisa no me la va a quitar nadie.
Es jodido seguir adelante en un terreno inestable al que no estás acostumbrado. He perdido pedazos de mí por el camino. Demasiados. Pero sigo adelante, mi sonrisa no me la va a quitar nadie.
(Y gracias especiales a Leire y Miren por escucharme lloriquear y leer mi blog, esto es en parte para vosotras)
(Y a Iñaki por estar ahí siempre y ayudarme cuando nadie lo hace y leer mi blog también cada día en clase, y a Judith, que está ahí contigo a ver si escribo algo)
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