Has estado en mi mente, como una planta trepadora que escala, contracorriente. Que no deja pasar página, que no deja dormir. Que no llega a morir, que se refugia en la rima. En todas las que aparecen en mis poesías que surgen en esas travesías, de vuelta a casa, a solas en un vagón, en un andén. Ingenuo fui por bajarme en esta estación. Porque me quede aquí sentado, creyendo que te quedarías, pero te fuiste sin avisar, mientras dormía, y ya, ya no pasa ningún tren.
El invierno se acerca, y empiezo a pensar que moriré congelado. Al igual que mi memoria, que se quedó paralizada en esa última sonrisa que me dedicaste. No hay porque fingir, esto es un desastre, echaste todo al traste dejándome aquí sin la más mísera de las despedidas, con escusas mal medidas. Y ahora, ahora me buscas entre tantas lágrimas vertidas, entre tanto zumo cítrico rociado en tantas heridas. ¿No ves que me ahogaste? Me desgastaste. Y ahora estarás con otro, buscando otro puerto donde refugiarte. ¿No será de ti de quien huyes? Yo conocí a otra tú. Quizás sea eso, que descosí tus heridas y ahora corres, sin un ápice de torpeza, a refugiarte de nuevo, a tu tan inexpugnable fortaleza.
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