domingo, 8 de noviembre de 2015

XXXII: AHORA QUE ME HE IDO

Ahora que me he ido... Dime. ¿Me echas de menos? ¿Echas de menos esas miradas de complicidad? ¿Mis putas ganas de besarte en cualquier lugar? Me he ido, pero sigo deseando que estuvieses aquí, conmigo. Estoy tan jodidamente perdido. No quiero estar solo. Tú por lo que veo no lo estás en absoluto, aunque en fin, nunca lo estás. Y no me extraña, tu puta sonrisa es odiosa y a la vez, adorablemente irresistible. Y agh, tu personalidad, tu puta personalidad. Aportarías luz a la más oscura de las cuevas, harías una fiesta de un funeral. Y esa jodida manera de bailar. Te odio, pero te quiero, te evito, pero te espero, me haces daño, pero sigo agarrándote, como una rosa y sus espinas. Aunque siga desangrándome, nunca soy capaz de enviar todo a la mierda, y me odio. Lo que tengo de tonto lo tengo de bueno, y lo que tengo de bueno lo tengo de tonto. Pero es que yo no puedo ser de otra manera. Quizás esté destinado a sucumbir en la decadencia, no puedo seguir adelante, nunca seré ese superhombre del que tanto leo. Era tu luz la que alumbraba mis días, y agh, esas noches. Esas escaleras y la isla al fondo. Tu sudadera. El bus que esperaba en la acera. Y tú tan cerca. Y ahora tan lejos. Ya solo te escribo como si leyeses, ya solo te miro como si mirases, ya solo te observo mientras te alejas. Te saludo en mi mente, te digo adiós con un beso en mis sueños de demente, pero cierro los ojos y al abrirlos no estás en frente. Me paso horas escribiendo en una silla donde una vez te sentaste, en una cama donde una vez te recostaste, en unas teclas que rozaste, en una puta habitación que destrozaste y en un corazón que despedazaste. Eras una parte de mí, pero me desplazaste. Después volviste, pero no hiciste más que acentuar este desastre. Después te fuiste, después me fui, después nos fuimos, no me buscaste, no te busqué, y si lo hiciste me fui, y si lo hice te fuiste, un eterno retorno que predecí, que predeciste. Me dices que no debería estar tan triste, me dicen que no debería pensar más en lo que hiciste, pero no es fácil cuando nada va bien. Tampoco es fácil verte con otro, pero uno se va acostumbrando. Ojalá dejases de vivir en mi mente, ocupas un vacío tan inherente a mí, a mi  forma de ser, tan desesperante. Cuando mi madre dice que necesito un psicólogo no es ningún disparate. Hay tanta pasión y tanta rabia, tanta felicidad que se convierte siempre en desgracia, no paro de recorrer el mismo camino una y otra vez hasta acabar exhausto, en ruinas. Es como una maratón que disfruto por el camino pero que sabe amarga al llegar a la meta antes de tiempo, como un mundo al revés. como una autopista sin arcén hacia una pared. Y siempre igual, siempre pensando en lo mismo mirando a través de la ventana de trenes que recorren el mismo trayecto.

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